DESCARGAR PDF: El programa Teen Star para la educación afectivo-sexual

No hay una experiencia humana más ilusionante y más prometedora que el nacimiento del amor entre un hombre y una mujer. En esos momentos La vida de las personas ante el hecho acontecido toma un color muy distinto, capaz de despertar energía y genialidades hasta entonces insospechadas.

No somos libres de sentir. Sentimos porque en nuestro ser, cuerpo-afectividadespíritu, se da una vulnerabilidad  original que nos hace capaces de reaccionar ante determinados valores. Sentimos porque somos hombres, pero el hecho de consentir a lo que ha acontecido implica la libertad misma. Sólo la libertad permite que lo que ha sucedido en nuestro interior se haga estable, firme, nos configure, nos descubramos libres.

El ser humano para amar necesita una armonía, un orden y esto requiere una integración de los tres niveles que constituyen a la persona (corporal, afectivo y espiritual). El hombre de manera natural no los tiene integrados, el ámbito instintual es inmediato, por encima de este el afectivo que es más duradero (amor, odio, tristeza) y por último el espiritual (inteligencia, voluntad). Estos niveles no son independientes unos de otros, sino que están íntimamente relacionados.

El hombre no está preparado por naturaleza para amar, tiene que desarrollar las virtudes naturales para ello. La situación actual confunde cada vez más.

Enrique Aranda Aguilar y Concepción Valera Gil.
Coordinadores TeenStar España.

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El programa Teen Star para la educación afectivo-sexual
Enrique Aranda Aguilar y Concepción Valera Gil.
Coordinadores TeenStar España.


EL AMOR HUMANO

No hay una experiencia humana más ilusionante y más prometedora que el nacimiento del amor entre un hombre y una mujer. En esos momentos La vida de las personas ante el hecho acontecido toma un color muy distinto, capaz de
despertar energía y genialidades hasta entonces insospechadas.
No somos libres de sentir. Sentimos porque en nuestro ser, cuerpo-afectividadespíritu, se da una vulnerabilidad original que nos hace capaces de reaccionar ante determinados valores. Sentimos porque somos hombres, pero el hecho de consentir a lo que ha acontecido implica la libertad misma. Sólo la libertad permite que lo que ha sucedido en nuestro interior se haga estable, firme, nos configure, nos descubramos libres. El ser humano para amar necesita una armonía, un orden y esto requiere una integración de los tres niveles que constituyen a la persona (corporal, afectivo y espiritual). El hombre de manera natural no los tiene integrados, el ámbito instintual es inmediato, por encima de este el afectivo que es más duradero (amor, odio, tristeza) y por último el espiritual (inteligencia, voluntad). Estos
niveles no son independientes unos de otros, sino que están íntimamente relacionados.
El hombre no está preparado por naturaleza para amar1, tiene que desarrollar las virtudes naturales para ello. La situación actual confunde cada vez más.


NECESIDAD DE EDUCAR PARA EL AMOR

“El hombre no puede vivir sin amor. El permanece para sí mismo un ser incomprensible, su vida está privada de sentido sino se le revela el amor, si no lo experimenta y lo hace propia, si no participa en el vivamente.”2
1 G. Abbá, Felicidad, Vida Buena y Virtud, Einsa, Barcelona 1992, Capítulo

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