DESCARGAR PDF: El programa Teen Star para la educación afectivo-sexual

Nunca antes en la historia hubo tanta información dirigida directamente a los niños sin ser filtrada por los adultos que están a su cargo, no debemos limitarnos a esperar un milagro, las escuelas nos pueden ayudar, pero no pueden resolver nuestros problemas, nosotros sí.

Actualmente la educación afectivo-sexual es una urgencia en nuestra sociedad.

Los embarazos en adolescentes, los abortos y sus consecuencias, las enfermedades de transmisión sexual, nos hace pensar en la necesidad de una revolución en la educación afectivo-sexual , no se trata de un problema técnico o de método o de conocimiento científico, sino la evidencia de la dificultad para que el hombre y la mujer vivan una relación de amor verdadero.

En la educación afectivo-sexual se pone en juego la realización de la  vocación de la persona al amor, vocación en la que el otro entra plenamente y nos interpela totalmente.

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“Dios ha creado al hombre a su imagen y semejanza; llamándolo a la existencia por amor, lo ha llamado al mismo tiempo al amor”.

Dios crea y orienta al hombre hacia su meta final que es el amor y a la vez le da la capacidad y la responsabilidad de la comunión y del amor. El amor es la vocación fundamental (constituye a la persona) e innata (dentro de la persona) de todo ser humano.

Aunque la persona tiene distintas dimensiones, es una sola persona, es un cuerpo informado por un espíritu inmortal, por lo que la vocación al amor abarca tanto el cuerpo como el espíritu, es una vocación en totalidad.

“Ciertamente, el Eros quiere remontarnos en “éxtasis” hacia lo divino, llevarnos más allá de nosotros mismos, pero precisamente por eso necesita un camino de ascesis, renuncia, purificación y recuperación”

Esta totalidad, se corresponde con una fecundidad responsable. La verdad que comparten un hombre y una mujer es el “bien de una comunión” que se expande a otros, que se hace fecunda.

La elección consciente y libre con que el hombre y la mujer aceptan una comunidad íntima de vida, es decir el matrimonio, es la manera adecuada donde se puede hacer posible la donación entre ambos.

“Dios es amor y vive en sí mismo un misterio de comunión personal de amor”. Dios nos crea por amor y para que amemos, el mandamiento nuevo que nos trae Cristo es el que nos amemos unos a otros como Él nos ha amado, el amor corresponde a la persona, es como el zapato de nuestra talla para nuestro pie, es para lo que hemos sido creados, la manera que tenemos de llegar al Creador que a su vez es nuestro fin y es Amor. El amor es lo que nos realiza, lo que nos hace crecer. Lo que realmente nos dignifica como persona es amar y ser amado, y en la medida que tenemos capacidad de amar nos acercamos al creador, sin que olvidemos nunca que la capacidad de amar nos la da Otro que es el que nos sostiene en todo momento.

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S. Agustín en sus confesiones afirma que el amor es mi peso. Porque como la fuerza de la gravedad es la fuente del movimiento, que nos atrae constantemente.

A la hora de educar a nuestros hijos lo primero que tenemos que pensar es que queremos conseguir, después pensaremos como. El educador debe querer el bien para el educando. Debemos educar para preparar a los hijos para la vida, no para la buena vida, sino para la vida buena. Para reconocer el Bien, la Verdad y la Vida en función de la virtud.

La necesidad de educar en el amor se entiende cuando se conoce su fragilidad. Lo que descubrimos, el ideal que nos mueve, es una unidad singular en la comunión: “una sola carne”. Ahora bien, esta unidad ideal intuida por las personas que se enamoran encuentra distintas dificultades.

La primera dificultad es que los dinamismos activados en los enamorados sonvividos de manera distinta por las  diferentes personas. Dificultad en habérselas con el mundo del afecto, que escapa al dominio directo del hombre, o con el mundo impulsivo que presenta exigencias a la persona, o con la dificultad de vivir en la ley moral que nace de la misma estructura del amor. La fragilidad de todo amor es olvidar la verdad y riqueza de la persona.

Otra dificultad es la percepción del otro como objeto de placer. La sexualidad es fuente de placer intenso, pero este, no es el objetivo último de la misma. El uso de la sexualidad así vivida es ahora una experiencia desgajada del conjunto de
la relación entre personas, y del planteamiento general de una vida.

La tercera dificultad es la de idolatrar el placer sexual tanto como para justificar los errores por el hecho de amar a la otra persona. El hombre lleva dentro de sí la necesidad de amar y tiende a ello, por lo que la vocación al amor, independientemente de las dificultades con las que se encuentre, la tiene de manera originaria. El Amor conyugal es la manifestación más clara de esa vocación. Por tanto, es necesario educar al hijo para que sea capaz de llegar al don de sí, creando una  comunión interpersonal.