Representantes del Foro Valenciano de la Familia y de la Asociación Valenciana para la Defensa de la Vida “Provida” de Valencia han acogido el programa de educación afectivo-sexual propuesto por el Arzobispado de Valencia, con “profunda satisfacción” y han advertido de su “necesaria presencia” tanto en colegios públicos, concertados o religiosos.

Según el vicepresidente del Foro Valenciano de la Familia, Vicente Morro, “se trata de una iniciativa estupenda” que permitirá a los padres “poder ejercer su derecho en cuanto a la elección de la educación que consideren mejor para sus hijos”.

Para Vicente Morro, el programa sale a la luz, precisamente, en un contexto en el que “era necesario para evitar la imposición de un modelo único”. Con este proyecto, “se abren más opciones y, por tanto, se garantizan los derechos de todos los padres, sobre todo, de aquellos, que quieren una educación en valores para sus hijos y no pueden ofrecérsela” también en la enseñanza pública. Así, Vicente Morro ha recordado que “más del 70 por ciento de padres de la escuela pública siguen eligiendo la asignatura de Religión para sus hijos”.

Por su parte, la vicepresidenta de Provida Valencia, María José Torres, ha expresado, igualmente, su valoración “totalmente positiva” ya que “era un programa muy necesario en la sociedad actual y que además ayudará a la autoestima de las mujeres” ya que “el contenido es muy humanista, y respeta la dignidad de la persona”.

En cuanto a los destinatarios del programa, que serán niños de 5 a 14 años, Torres ha manifestado “la idoneidad de la iniciativa” para estas edades porque “en estos temas nunca llegamos pronto”. En este sentido, Vicente Morro ha indicado que “la cultura dominante impone un modelo de educación sexual destinado a la población cada vez más joven, a la que es necesario dar una alternativa con una enseñanza en valores”, según Vicente Morro.

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Los cursos de educación afectivo-sexual son elementos que incide directamente en el punto de la maduración de la persona. Su importancia actual se debe a la constatación de la dificultad objetiva de alcanzar esta maduración y del descubrimiento del valor personalizador de la sexualidad.

En nuestros días, la juventud vive en una cierta indeterminación ante la elección del tipo de vida. Algunos prefieren postergar los plazos definitivos y atrasar así el ingreso en la vida adulta o la asunción de compromisos  definitivos. Al no preguntarse sobre sus problemas de autonomía, no se sienten obligados a hacer elecciones fundamentales.

La diferencia principal respecto a la mayor parte de las generaciones precedentes (que hacían una elección precisa con una prioridad precisa) consiste en la propensión de vivir contemporáneamente diversos aspectos de la vida, aspectos a veces contradictorios, sin jerarquizar las propias necesidades y valores. Algunos jóvenes son hoy muy dependientes de la necesidad de hacer experiencias porque, por la falta de transmisión de valores, piensan que no se sabe nada de esta vida y que todo aún se debe descubrir e “inventar”.

Por eso, se debe tratar de verdaderos cursos, y no sólo de unas charlas o talleres. Es un modo de insistir que estos elementos de pastoral familiar no pueden ser nunca de mera información deben consistir en un auténtico plan de formación de personas. Por eso requiere un tiempo de duración y que se lleve a cabo un seguimiento.

Los padres son los primeros responsables para llevar a cabo esta educación de la sexualidad. Han de saber ofrecer a sus hijos, en un marco de confianza, las explicaciones adecuadas a su edad para que adquieran el conocimiento y respeto de la propia sexualidad en un camino de personalización. Más vale una explicación que una prohibición. Para ello, es importante contar con personas y materiales que proporcionen una ayuda eficaz a los padres en esta tarea. Al mismo tiempo es fundamental contar con los propios jóvenes, con su realidad, con sus aficiones  con su ocio, con su tiempo de estudio.

Tanto en las parroquias como en los colegios la educación afectivo-sexual de los hijos será uno de los contenidos necesarios en toda escuela de padres. Es una tarea de tal importancia que los  padres no pueden hacer dejación de la misma para que sean otros los que la realicen. Es más, les corresponde velar por la educación sexual que reciban sus hijos en otras instancias.
Aunque el momento adecuado es el de la preadolescencia, pues en este momento reciben tal cantidad de información sexual que es necesario enseñarlas a digerirla, debe estar precedida de una formación familiar en la infancia y continuada por otra familiar y en grupo en la adolescencia.

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No hay una experiencia humana más ilusionante y más prometedora que el nacimiento del amor entre un hombre y una mujer. En esos momentos La vida de las personas ante el hecho acontecido toma un color muy distinto, capaz de despertar energía y genialidades hasta entonces insospechadas.

No somos libres de sentir. Sentimos porque en nuestro ser, cuerpo-afectividadespíritu, se da una vulnerabilidad  original que nos hace capaces de reaccionar ante determinados valores. Sentimos porque somos hombres, pero el hecho de consentir a lo que ha acontecido implica la libertad misma. Sólo la libertad permite que lo que ha sucedido en nuestro interior se haga estable, firme, nos configure, nos descubramos libres.

El ser humano para amar necesita una armonía, un orden y esto requiere una integración de los tres niveles que constituyen a la persona (corporal, afectivo y espiritual). El hombre de manera natural no los tiene integrados, el ámbito instintual es inmediato, por encima de este el afectivo que es más duradero (amor, odio, tristeza) y por último el espiritual (inteligencia, voluntad). Estos niveles no son independientes unos de otros, sino que están íntimamente relacionados.

El hombre no está preparado por naturaleza para amar, tiene que desarrollar las virtudes naturales para ello. La situación actual confunde cada vez más.

Enrique Aranda Aguilar y Concepción Valera Gil.
Coordinadores TeenStar España.