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Para el eminente sociólogo contemporáneo Z. Bauman7, vivimos en una sociedad líquida, que entroniza lo efímero, lo fugaz, lo etérero, lo episódico, lo cambiante y sin compromisos. Dentro de esta mentalidad se propone y presenta como paradigmático el denominado “amor líquido”. Este adjetivo, “líquido”, pone de manifiesto la fragilidad de los vínculos afectivos entre las personas. El amor líquido se caracteriza por aborrecer todo aquello que es sólido y duradero. El ambiente de hedonismo, con la absolutización de la experiencia del placer, de la satisfacción y gratificación inmediatas, fomenta la expansión de este amor débil, frágil, que licua y derrite toda otra comprensión del amor. El amor líquido se convierte con facilidad en el referente en el ámbito de la adolescencia.

Este proceso de licuefacción afecta de un modo directo a la relación amor-sexualidad. Podríamos decir que si el amor se licua en la forma de deseo, la sexualidad se licua en la forma de genitalidad, que favorece la suplantación del género por el sexo.

La reducción de la sexualidad a la dimensión biológico-genital trae como consecuencia, en el clima de refinado hedonismo, que lo sexual se relacione casi inmediatamente con lo que conlleve una excitación genital placentera, carente de todo significado personal. Con esta identificación reductiva, se desvanece el valor simbólico de la sexualidad y con ello su relación a una trascendencia, a los valores psicológicos ligados a la construcción de la intimidad humana y a las relaciones que llenan de contenidos personales la relación hombre-mujer. El hombre de hoy busca en el sexo la satisfacción del deseo y el placer que le produce.

La incentivación del deseo sexual que nunca es plenamente satisfecho, retroalimenta un crecimiento del mismo hasta el punto de dar lugar, en no pocos casos, a un proceso compulsivo que desemboca en una auténtica obsesión, una perturbación anímica producida por la idea fija del bienestar sexual. Esta obsesión se ha llegado a convertir en una verdadera “adicción al sexo” que se considera ya como una nueva patología en los círculos psiquiátricos
de Estados Unidos. El resultado de esta identificación es una progresiva despersonalización de la sexualidad, fruto de un dualismo antropológico y una creciente promiscuidad entre los adolescentes cuyos efectos se pretenden “controlar” a través de un uso masivo del preservativo, de la denominada “píldora del día después”, etc…

Hablamos con José Pérez Adán, uno de los fundadores del IVAF junto con las doctoras Ana Otte y Concepción Medialdea, con ocasión del inicio de los cursos especiales para profesores sobre el programa SABE, que tienen lugar para todo el mundo a través de Internet y en la modalidad presencial en la sede del instituto Juan Pablo II en Valencia.

USTEDES ACABAN DE PUBLICAR UN MANUAL ESPECÍFICO SOBRE LOS CONTENIDOS DEL PROGRAMA SABE, ¿PODRÍA DECIRNOS QUÉ REPRESENTA ESTA APORTACIÓN PARA LA EDUCACIÓN ESCOLAR?
– El Curso de Educación de la Sexualidad para Adolescentes (Programa SABE) es un manual de referencia básico en la materia para los profesores de secundaria, y es también idóneo para padres, monitores de jóvenes, y centros de formación y ocio de adolescentes. Nuestro libro es fruto de la experiencia de muchos años de trabajo en varios países al servicio de los padres y profesores que quieren dar a sus hijos y alumnos una formación en la responsabilidad, en la lealtad, en la solidaridad y en el respeto a los demás, enmarcando el propio desarrollo sexual en este contexto. Nuestro libro era una necesidad: no disponemos en el panorama editorial español de algo parecido. Los profesores de los colegios donde los padres quieren una formación de la sexualidad que lleve a sus hijos a una vida familiar feliz, hace tiempo que nos estaban pidiendo algo parecido, y, la verdad, estamos muy contentos con el resultado.

¿PODRÍA RESUMIRNOS BREVEMENTE EN QUÉ CONSISTE EL PROGRAMA SABE?
– El programa SABE tiene tres pilares fundamentales: ciencia, prudencia y continencia. Ciencia para ilustrar al profesor y al alumno en los fundamentos del desarrollo psicológico y biológico humano. Prudencia para tener todos los elementos de juicio a la hora de decidir y proponer la conducta adecuada. Y continencia para apostar por la responsabilidad sexual que implica saber esperar por buenas y sólidas razones. La metodología peculiar del programa SABE proporciona al profesor una ayuda indispensable
para conducir el curso de educación de la sexualidad en el aula de manera sencilla, ágil y con el máximo rigor científico.

POR ÚLTIMO, ¿QUÉ OPINA DE LAS PROPUESTAS DE EDUCACIÓN SEXUAL DE LAS SUCESIVAS CAMPAÑAS LANZADAS DESDE ORGANISMOS PÚBLICOS?
– Mire, esas campañas están huérfanas de estudios científicos previos y el resultado es que fomentan lo que en teoría pretenden evitar: la incitación sexual temprana, la promiscuidad, y las enfermedades de transmisión sexual. Ante ello, los padres están indefensos pues esas campañas se llevan a cabo con el dinero de los padres, es decir, con dinero público. Nuestro instituto, por el contrario, ha desarrollado su trabajo generando su propia financiación desde el ámbito privado y con mucho sacrificio y empeño. Podemos decir que somos genuinamente independientes y libres: a nosotros nadie nos paga por decir lo que decimos. Y nos parece que esto es fundamental para hacer ciencia: que no haya intereses creados para llegar a un tipo determinado de resultados. Nosotros estamos del lado de la ciencia, que es el lado de la continencia, del saber esperar, de la formación del carácter, del conocimiento de la propia fertilidad; quienes diseñan las campañas públicas de educación sexual están en otro lado.