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Como consecuencia del primer factor, se verifica una ilimitada invasión de mensajes de contenido sexual, la exaltación de la llamada libertad sexual, la omnipresencia de lo sexual en todos los ámbitos culturales: publicidad, prensa, radio, cine, televisión, internet, espectáculos, educación, ocio, deporte, trabajo… Estudios recientes han mostrado que el 75% de las películas que se ven en la televisión por cable son pornográficas, con escenas cada vez más violentas y agresivas, porcentaje que aumenta hasta un 92% entre los clientes de los  hoteles. La proliferación de imágenes sexuales demuestra que vivimos en una sociedad erotizada, que permanentemente excita a los individuos desde el punto de vista sexual, condicionando fuertemente la elaboración de la sexualidad juvenil. Muchos jóvenes, de hecho, visitan las páginas web pornográficas, y algunos de ellos, así alimentados, se encierran en una sexualidad imaginaria y violenta, en la que domina una masturbación vivida como fracaso de llegar al otro y que por lo tanto puede complicar la elaboración del impulso sexual. La masturbación, si dura en el tiempo, es siempre síntoma de un problema afectivo y de una falta de madurez sexual.

La propaganda tiende, pues, a cosificar la sexualidad y a hacer de ella objeto de consumo. Se trata de una concepción utilitarista que se aplica a la sexualidad considerándola un producto de consumo. La sociedad del bienestar basa su éxito en la promesa de satisfacción de los deseos humanos en un modo inimaginable. Esta sociedad logra hacer permanente la no-satisfacción. Como toda relación es débil, tratemos de tener cuantas más mejor, de modo que podamos encontrar aquí y allá algo que nos satisfaga, comprensión o simpatía. El criterio comercial para extender su consumición es claro: más cantidad, mayor rapidez de excitación, más intensidad de placer.

Este uso de la sexualidad genera, además, una gran cantidad de intereses económicos que la convierten en un mercado atractivo y floreciente que rinde cuantiosos beneficios y que, por ello, se extiende en numerosas ramificaciones: el negocio de la pornografía, la prostitución, los medios anticonceptivos, el aborto, etc. La sexualidad se considera un fin lucrativo y de compraventa. Su oferta genera y promueve una repetición de experiencias sexuales, cuya consumición masiva es el fin que se persigue. La invasión y saturación de sexo parece atravesar transversalmente toda la cultura de la sociedad actual, que sorprende al hombre en cualquier esquina, anuncio, revista, programa, película, dirección de internet… creando una sensación de indefensión que resulta no pocas veces abrumadora, con la tentación de resignarse a no poder hacer nada, a tener que “habituarse a convivir” con todo ello.

Programas de educación en afectividad y sexualidad

“Sexo, Naturalmente”. Joseph B. Stanford. Copyright (c) 1999 First Things 97 (November 1999): 28-33.

Cuando empecé mis estudios en la Facultad de Medicina de la Universidad de Minesota en 1984, no sabía que 15 años más tarde, como médico de familia, me dedicaría por completo a promover la comprensión de la sexualidad humana y de la procreación desde un punto de vista totalmente contrario a las opiniones más extendidas y a las prácticas generalizadas de nuestra cultura contemporánea.

He descubierto que la medicina está empapada de posturas hacia la sexualidad y la fertilidad que son incompatibles con los valores cristianos acerca del matrimonio y la procreación. Estas posturas reflejan y perpetúan la aproximación a la sexualidad como recreo que se hallan en nuestra cultura laica.

Las experiencias personales, experiencias de pacientes, mi propia investigación y las investigaciones y estudios de otros, me llevan al convencimiento de que existe una postura espiritualmente auténtica y científicamente correcta frente a la sexualidad y la procreación humana, de la que carece enormemente la medicina actual, pero que es esencial recuperar para el auténtico respeto hacia la vida humana en nuestra cultura.

Tal vez, mi primer encuentro directo con la doctrina laica de la sexualidad en medicina fue un seminario universitario sobre “replantearse la actitud frente a la sexualidad humana” . Parte de este curso incluía varias horas de películas pornográficas agresivas, usadas para “ampliar” las perspectivas de los estudiantes sobre la sexualidad humana.

Mientras decidía si asistiría a este seminario, recé y me dejé aconsejar por los líderes de mi iglesia. Esta postura me ha ayudado a mantenerme en mi camino en temas fundamentales desde entonces. Junto con otros compañeros de clase, decidí no tomar parte en el seminario, y escribí una artículo sobre mi postura ante la sexualidad y de qué manera afectaría al cuidado que yo daría a los pacientes que tuviesen posturas distintas a la mía.

Esto me ayudó a clarificar mis ideas referentes a cómo podía yo ser consecuente con mis creencias sobre el valor sagrado de la sexualidad humana y el valor de la castidad, al tiempo que proporcionaba un cuidado compasivo a los pacientes que quizás no tuviesen estas ideas. Comencé a aprender cómo tratar a todos los pacientes con total respeto humano, incluyendo a aquellos que tomaban decisiones que yo consideraba inmorales.

En las clases de farmacología en la Facultad de Medicina, se nos enseñaba que la contracepción hormonal (“la píldora” y otros métodos), que no siempre impide la ovulación, altera el endometrio de forma que se reduce la probabilidad de implantación en el vientre de vidas humanas acabadas de formar. Un pequeño grupo de los que estábamos en las clases, decidimos que no prescribiríamos contraceptivos hormonales. Los que hicimos este compromiso éramos una Católica, una Baptista y yo, perteneciente a los Santos de los Últimos Días (Mormones) . No estoy seguro en lo que respecta a mis compañeros, pero yo he sido fiel a mi decisión a lo largo de mi preparación y mi práctica médica, y esto me ha abierto el camino para darles a mis pacientes muchas cosas que de otro modo no hubiese sido capaz de ofrecer.

El potencial de la contracepción hormonal para actuar tras la concepción, ofrece un interesante estudio que contrasta con la medicina moderna. A pesar de que está reconocido en la mayor parte de documentos ginecológicos y farmacológicos, la mayoría de ginecólogos lo ignoran, y tampoco hace eco de ello la información escrita que los pacientes reciben sobre la contracepción. La evidencia de que la contracepción hormonal actúa de esta forma no es definitiva, pero lo sugiere. Los pacientes deberían ser informados sobre todo este tema como un principio básico: las mujeres y sus maridos necesitan tener la mejor información médica disponible para poder tomar decisiones sobre planificación familiar que estén de acuerdo con sus propios valores y su conciencia moral.

Iba aprendiendo que la píldora podía actuar como un abortivo, y esto fue el principio para cuestionarme el valor de los contraceptivos. Durante el MIR en medicina familiar, evité hacer ligaduras de trompas o vasectomías porque los estatutos oficiales de los Santos de los Últimos Días rechazan firmemente estos procedimientos. Al final, me di cuenta de que la fertilidad forma parte de la salud, y no es una enfermedad, y que hay algo fundamentalmente contradictorio en las operaciones que buscan impedir una función saludable del cuerpo.

Con el tiempo y la experiencia adquirida con mis pacientes, comencé a pensar que cualquier forma de contracepción tenía efectos nocivos en los matrimonios e incluso en las relaciones prematrimoniales, aunque no todos lo reconocían. Cada vez más, tenía la seguridad de que la sexualidad y la fertilidad están unidas al nivel más fundamental tanto físicamente como espiritualmente. Comencé a ver más claro lo que puede ocurrir cuando el hombre intenta deshacer esta conexión.

La unión sexual en el matrimonio debería ser un don perfecto de cada cónyuge hacia el otro, y cuando la fertilidad (aunque sea en potencia) se excluye deliberadamente de este don, estoy convencido de que algo valioso se pierde. El marido puede comenzar a ver a su esposa como un objeto de placer sexual que debe estar siempre disponible para su propia satisfacción. Esta tendencia toma fuerza en la perspectiva reinante de la sexualidad en nuestra sociedad, que idealiza la erotización y la satisfacción sexual ilimitadas, pero libres (al menos teóricamente) de cualquier posibilidad de embarazo. La esterilización y los contraceptivos hormonales alimentan especialmente esta perspectiva masculina tan común y enormemente distorsionada (también adoptada por muchas mujeres).

Las parejas pueden perder de vista fácilmente por qué tomaron la decisión de evitar los embarazos, y no tratar el tema durante meses e incluso años, teniendo relaciones sexuales de manera muy alejada incluso de la idea de procreación.

Existen también efectos secundarios de mayor o menor naturaleza con cada contraceptivo. En un par de años, llegué a la conclusión de que no prescribiría en conciencia, contraceptivos de ningún tipo (abortivos o no), porque sentía que de algún modo, toda contracepción es perjudicial para el matrimonio y la salud de los esposos.

No hubiese sido capaz de tomar esta decisión sobre la prescripción de contraceptivos si no hubiese aprendido simultáneamente, de forma efectiva, científicamente correcta y espiritualmente saludable, sobre la planificación familiar. Existen vías fáciles y precisas de monitorizar e interpretar los signos de fertilidad en el cuerpo de una mujer. Las parejas pueden aprender a utilizar estos signos de fertilidad para planificar la concepción mediante el acto sexual durante los periodos fértiles, o espaciar los embarazos mediante la abstinencia sexual durante estos periodos.

Los signos de fertilidad básicos son:

1. Cambios en las secreciones vaginales durante los periodos de ovulación, que corresponden a secreciones de la cérvix uterina que permiten al esperma sobrevivir y desplazarse.

2. El aumento de la temperatura basal corporal, que es una señal de que la ovulación ha tenido lugar.

Con la preparación adecuada, estos signos pueden ser interpretados de modo fiable, independientemente del calendario, y de si los ciclos de la mujer son regulares o no. De hecho, estos fenómenos fisiológicos de la fertilidad humana tienen aplicaciones que van más allá de un simple método para planificar la familia “naturalmente”, es decir, sin contraceptivos. Sin embargo, como la expresión “planificación familiar natural” (PFN) se ha usado mucho para describir el conocimiento básico de los ciclos de fertilidad e infertilidad del cuerpo de la mujer, además de su aplicación para espaciar los embarazos, en este texto nos referiremos a todas las aplicaciones que tiene conocer estos fenómenos.

Tres métodos modernos de PFN están respaldados por un conjunto amplio de datos científicos:

1. El método sintotérmico, basado en las observaciones de secreción vaginal y la temperatura basal del cuerpo, combinada, en ocasiones, con otros síntomas.

2. El método de la ovulación, también conocido como el método de la ovulación Billings, de los doctores John y Evelyn Billings, basado únicamente en las observaciones de secreción vaginal.

3. El Modelo Creighton, una adaptación del método de la ovulación que estandarizó protocolos para usarlo y enseñarlo, desarrollado en la Universidad de Creighton.

Cada uno de estos métodos, tiene una base sólida de estudios médicos que demuestran una alta efectividad para evitar el embarazo.

Las parejas que tienen una necesidad seria de espaciar los embarazos o de evitarlos, pueden hacerlo de manera fiable utilizando PFN. Muchas parejas afrontan estas situaciones durante alguna época de su matrimonio. Si no existiera ninguna alternativa efectiva a la contracepción (más que la abstinencia total) estaríamos ante una difícil situación.

La abstinencia periódica utilizada en la PFN para evitar el embarazo, puede resultar un reto, a veces difícil, pero une a los matrimonios, ya que los dos cónyuges ponen las necesidades del otro (y del matrimonio) por delante de sus propias necesidades. Se necesita fe para utilizar la PFN: si no Fe en Dios, al menos fe en la fuerza del matrimonio, y en el buen augurio y la capacidad de cada esposo de ceder a una disciplina de PFN para el bien común de su matrimonio y su familia.

Esta fe se ve compensada con creces: existe un efecto profundo de “cortejo – luna de miel” entre los matrimonios que utilizan la PFN, incluso tras años de matrimonio. La abstinencia del contacto genital durante el periodo fértil evoca un sentido de “cortejo” periódico, tras el cual, la pareja disfruta de una “luna de miel” que aumenta el gozo y la capacidad de apreciar la unión sexual.

Las investigaciones sugieren que la frecuencia de uniones sexuales entre parejas que utilizan la PFN es similar a la de la mayoría de parejas casadas que utilizan la contracepción, pero que se distribuye de forma distinta. Yo he conocido parejas durante mis años de práctica médica que realizan el acto sexual por rutina cotidianamente, pero que no experimentan la satisfacción de su “vida sexual” con la profundidad que lo hacen aquellas parejas que utilizan la PFN. Dicho de otro modo, la PFN mejora los matrimonios de un modo que la contracepción no lo hace.

En mi opinión, las parejas que utilizan la PFN obtienen los siguientes beneficios:

1. Los esposos saben apreciar más profundamente la fertilidad como un don de Dios más que como un fenómeno biológico que se puede manipular o un mal que hay que evitar.

2. Generalmente, consiguen consciente y rápidamente los embarazos cuando ellos los eligen (los embarazos “sorpresa” suceden muy raramente entre las parejas que usan la PFN).

3. Se replantean sus opciones sobre fertilidad periódica y constantemente.

4. En su relación íntima, cada esposo envía un mensaje implícito y poderoso: “Te acepto completamente, incluída tu fertilidad”.

5. Aprenden a asumir y a ejercer juntos la responsabilidad sobre su fertilidad.

6. Aprenden que los periodos de abstinencia de contacto genital pueden hacer una relación más sólida.

La mayoría de gente que empieza a usar la PFN no lo hace porque espera experimentar los beneficios en su relación y su espiritualidad que acabamos de describir. Las investigaciones sugieren que, al principio, la mayoría están interesados básicamente en los beneficios saludables: la ausencia de efectos secundarios y el conocimiento del funcionamiento normal del cuerpo. Otros comienzan a utilizar la PFN por un compromiso religioso. Independientemente de la razón por la cual se empieza a usar la PFN, las investigaciones han demostrado que, comparado con otros métodos de planificación familiar, una proporción relativamente alta de usuarios continúa utilizándolo. Y después de algunos meses de uso, la mayoría de ellos te dicen que han notado algunos de los beneficios de los que acabamos de hablar, en su relación.

La diferencia fundamental entre la PFN y la contracepción resulta más clara cuando las parejas que utilizan la PFN para evitar el embarazo intentan concebir una nueva vida. Para las parejas que utilizan la contracepción, la elección de concebir significa, normalmente, cortar con la contracepción (o utilizarla de un modo dispar e inconsistente) y “jugársela” o “ver qué pasa”. Aunque algunas parejas que utilizan la PFN pueden ocasionalmente utilizar estas expresiones, su experiencia es cualitativamente distinta. De modo contrario a lo que hacen las parejas que utilizan la contracepción, ellos saben perfectamente que probablemente se producirá la concepción, aunque no estén planeando deliberadamente hacerlo. Además, conocen la fertilidad, con los beneficios y responsabilidades que implica. Todo esto está fuera del alcance de la pareja que confía en la contracepción para su planificación familiar.

Este conocimiento tiene el potencial para hacer descubrir a la pareja el poder divino de la procreación. Contrariamente a lo que sucede con la contracepción, la PFN no lleva a desear tener el menor número de descendencia posible. Más bien al contrario. Al tiempo que capacita a las parejas a evitar los embarazos de forma fiable, también anima a estas parejas a tener tantos niños como razonablemente puedan cuidar. Desde una perspectiva cristiana, esta es una ventaja de la PFN que no comparte ningún otro método de planificación familiar. La PFN es, por su propia naturaleza, abierta a la vida.

No quiero decir con todo esto que las parejas casadas que utilizan la contracepción han de tener, necesariamente, problemas familiares o conyugales. Conozco muchas parejas maravillosas que están abiertas a la vida, están completamente comprometidas con su familia y sin embargo utilizan la contracepción. Pero estoy convencido de que la mayoría de estas parejas utilizarían la PFN si tuvieran la oportunidad de entenderla y conocer las bendiciones que conlleva.

Hay otras dos dimensiones de la PFN que sólo puedo mencionar brevemente, pero que son de igual importancia por su valor para espaciar los embarazos. El primero es la gran esperanza que la PFN ofrece a las parejas que afrontan la infertilidad. La PFN es el inicio de una postura frente a la infertilidad que se basa en la regeneración de los procesos naturales -don de Dios- de la reproducción humana para su funcionamiento saludable. Esto está en contraste radical con la mayoría de los esfuerzos que se desarrollan con tecnología avanzada contra la infertilidad hoy en día, y que tratan la vida humana como un objeto que se puede manipular científicamente en lugar que una realidad sagrada. Muchas parejas y muchos médicos utilizan la fecundación in vitro y otros procedimientos semejantes por su deseo de fertilidad, para al final encontrarse a ellos mismos afrontando dilemas morales insospechados tales como qué hacer con los embriones crio-conservados. La postura de la “procreación natural” a la infertilidad, que puede incluso incorporar técnicas médicas y quirúrgicas sofisticadas mientras se utilicen para devolver la fisiología normal de fertilidad, se basa en el respeto a los procesos de la procreación humana y a la vida humana en sus estadios primeros.

Los datos precisos sobre la efectividad de los planteamientos de la procreación natural (que no recibe apenas fondos para la investigación, actualmente) todavía se han de interpretar, pero los datos disponibles me convencen de que este planteamiento demostrará ser, al menos, tan efectivo como los que se están utilizando actualmente para tratar médicamente la infertilidad. (El Instituto Pablo VI para el Estudio de la Reproducción Humana, en Omaha, Nebraska, lidera el desarrollo sobre la opción de la “tecnología procreativa natural” para la infertilidad). Esta aplicación de la PFN será probablemente lo primero que entrará en el maremagnum de la medicina reproductiva. Aún así, encontrará una firme oposición de aquellos que invierten grandes sumas en el sistema actual de tratamiento médico de la infertilidad.

Otra contribución esencial de la PFN es la posibilidad que ofrece para la salud ginecológica y reproductiva de las mujeres. Conocer cuándo y si una mujer está ovulando, y cuándo y si su sistema reproductor funciona normalmente, es de gran valor para el diagnóstico y tratamiento de las condiciones que están relacionadas con el sistema reproductor, tales como el síndrome premenstrual, hemorragias irregulares, endometriosis y los quistes de ovario.

La forma más común con diferencia, con la que los médicos tratan todas estas condiciones -con éxito variable en el control de los síntomas- es prescribir a las mujeres las píldoras de control de la natalidad u otros tratamientos hormonales que suprimen el funcionamiento normal del sistema reproductor. Por contra, la PFN ofrece la posibilidad de desarrollar tratamientos médicos que devolverán el funcionamiento normal del sistema reproductor. Más todavía: la PFN ayuda a la mujer a entender mejor su cuerpo, permitiéndole conocer exactamente en qué consiste el tratamiento médico. En mis años de práctica médica, he visto una diferencia cualitativa cuando he tratado a mujeres que padecen estos problemas y que utilizan (o están comenzando a utilizar) la PFN para entender sus ciclos, y aquellas que no los utilizan. Las investigaciones aumentarán el potencial de esta opción en el futuro.

Al igual que los métodos actuales son buenos para identificar los periodos fértiles del ciclo menstrual, estoy convencido de que en el futuro desarrollaremos prácticas más completas y efectivas. Hay algunas parejas que todavía tienen dificultades sustanciales para aprender e interpretar sus signos de fertilidad. Sin embargo, he visto que cuando las parejas que tienen estas dificultades reciben el mejor apoyo médico y moral posible, normalmente permanecen en su opción de utilizar la PFN, y son capaces de superar los momentos difíciles con un matrimonio sólido.

Menos de un 1% de las parejas de los EE.UU. utiliza la PFN moderna. ¿Por qué no hay más? Entre las causas están la falta de conocimientos, la imposibilidad de acceder a ella a distintos niveles, una cultura saturada de contracepción, y temas intrínsecos de confianza. Además, existe una minoría que percibe la PFN como “contracepción natural” y que la rechazan al igual que la contracepción.

En una cultura en la que, estadísticamente, es muy improbable que alguien conozca a alguien que utiliza la PFN, es difícil conseguir información adecuada sobre el tema, y mucho menos apoyo social para usarla. Para usar con efectividad la PFN se precisa de una instrucción adecuada que ha de dar un monitor especializado. El número de profesores de PFN disponibles varía geográficamente, pero es todavía muy limitado en la mayoría de lugares. Las compañías de seguros no cubren los gastos médicos de las parejas que utilizan servicios de salud relacionados con la PFN, aunque es impactante que sí que lo hagan en temas como la contracepción o la esterilización, aunque esto está cambiando lentamente.

Los médicos y los profesionales de la salud están muy poco informados (o mal informados) sobre la PFN moderna, y normalmente ni comentan la opción con los pacientes. La primera vez que aprendí sobre PFN no fue a través de mis clases, sino mediante una serie de clases nocturnas optativas organizadas por estudiantes de medicina para cubrir temas que no constaban en el curriculum de nuestra Facultad de Medicina. La mayoría de facultades de medicina y de programas de educación médica, carecen de información adecuada y precisa sobre la PFN.

La contracepción se ha convertido en una práctica tan integrada en la práctica médica que es difícil para aquellos estudiantes o médicos que deciden no prescribirlo, que se les permita completar su educación, y en el campo de obstetricia y ginecología es casi imposible. Yo no atribuyo esto a ninguna conspiración, sino a la aceptación cultural y la promoción de la contracepción en los últimos 30 años.

Con respecto a esto, uno no debería subestimar la influencia y el rol de las compañías farmacéuticas en la práctica, tan ampliamente aceptada, de la prescripción de contracepción por profesionales de la salud, ya que quizás ellos son la única fuente de fondos no estatales para continuar con el estudio médico y las jornadas y congresos profesionales sobre obstetricia y ginecología.

De todos modos, la falta de uso de la PFN no se debe a que la mayoría de mujeres y de parejas están satisfechos con los métodos contraceptivos modernos. Pocas mujeres disfrutan realmente con la experiencia física de tomar la píldora u otros contraceptivos hormonales y con sus efectos secundarios típicos y atípicos. No he encontrado ninguna mujer que disfrute realmente teniéndose que poner un diafragma, ni ningún hombre que prefiera ponerse un condón a la hora de practicar el sexo. Las investigaciones han demostrado que muchas mujeres y muchos hombres buscan algo mejor.

No intento juzgar a otros (en especial a mis pacientes) cuando eligen usar contraceptivos. Sus opciones acerca de su potencial reproductor están entre ellos y Dios, y están en su derecho y responsabilidad para determinar por ellos mismos qué hacer con su fertilidad. En conversaciones con mis pacientes, hago un esfuerzo para mantener el equilibrio comentando mis consejos médicos sobre los distintos métodos contraceptivos.

Al mismo tiempo, sin entrar en juicios, intento transmitir a mis pacientes (hasta el punto que ellos quieran escuchar) por qué creo que existe una alternativa saludable y efectiva que está en completa armonía con su fertilidad y con su dignidad de personas humanas, como hijos de Dios. Les hago saber claramente lo que puedo y no puedo hacer con mi propia conciencia, y que tendrán que ir a otro sitio si eligen una opción en la que yo no puedo participar. Casi todos mis pacientes lo entienden. Aquellos que eligen que ya no se les prescriban más contraceptivos, casi siempre vuelven conmigo para el resto de sus cuidados médicos.

He visto que aproximadamente una cuarta parte de mis pacientes que no ha utilizado la PFN la eligen tras una conversación conmigo sobre el asunto. Muchos pacientes me visitan porque están buscando un médico que les ayude en su opción inicial de usar la PFN. Además de muchos médicos de familia, existe un creciente número de profesionales en obstetricia y ginecología que ha tomado la decisión de prescribir sólo la PFN para espaciar los embarazos, para tratar la infertilidad, y casi todo el resto de aspectos relacionados con la salud reproductiva. Estoy muy metido en el trabajo que realiza la Academia Americana de Planificación Familiar Natural, una organización comprometida dedicada al servicio y la investigación dentro de un marco de trabajo de total respeto por la vida y la procreación. He estado como director del Comité de Ciencia e Investigación, y recientemente como presidente. Que yo sea uno de los pocos miembros no católicos de la organización no ha dificultado mi profunda amistad y propósito común con estos profesionales de la salud.

Es posible que una pareja utilice la PFN de un modo inadecuado, para limitar su familia egoístamente, pero creo que es mucho menos probable que suceda con la PFN que con el uso de métodos artificiales de contracepción.

Desde luego, estoy familiarizado con la perspectiva católica sobre estos temas. He leído y releído la Humanae Vitae, la encíclica de 1968 del Papa Pablo VI. Aunque existen algunos puntos teológicos en los que discrepo, comulgo totalmente con la visión fundamental de la sexualidad humana y la vida familiar que la encíclica define de un modo precioso. Creo que las ideas de la encíclica sólo pueden venir por inspiración divina. De forma similar, aunque no estoy de acuerdo con todos los puntos descritos por el Papa Juan Pablo II en la Evangelium Vitae, encuentro esta visión de la batalla entre la Cultura de la Vida y la cultura de la Muerte, muy iluminadora.

La resistencia más fuerte a la PFN permanecerá concentrada probablemente entre aquellos que creen que el control de la población es el tema más crítico de nuestro tiempo, porque advierten -sin equivocarse- que la PFN no es tan “fiable” como muchos métodos de contracepción desde la perspectiva de animar a la gente a no tener hijos. Como he dicho, los primeros pasos de la PFN dentro del gran caudal de la medicina, vendrá probablemente al principio por su potencial para ayudar a las parejas en la infertilidad.

Al final, espero ver a la mayoría de profesionales de la salud de los EE.UU. aceptando la PFN como una opción que debería estar disponible para todas las mujeres y las parejas. Incluso aquellos que están metidos en la contracepción y en contra del aborto podrían apoyar esta “opción” adicional.

Existe un número creciente de profesionales de la salud que promueven los beneficios de la PFN aunque ven la PFN básicamente como uno entre tantos otros métodos de contracepción, cualesquiera sean sus ventajas. Muchos de estos promueven una versión de precaución ante la fertilidad que anima al uso de métodos de contracepción de barrera (u otras variaciones como el sexo oral) durante los periodos fértiles -una versión que mantiene algunos beneficios de salud de la PFN pero que pierde sus beneficios espirituales.

El valor último de la PFN lo encontrarán aquellos que aúnen sexualidad y fe. Se darán cuenta de que la PFN difiere fundamentalmente de la contracepción en que coopera con el don divino de la fertilidad, más que buscar suprimirla o destruirla, y que cooperar con el don divino de la fertilidad trae bendiciones espirituales al tiempo que beneficios médicos. La PFN devuelve la conexión entre sexo y procreación, mejora el matrimonio y ayuda a la virtud de la castidad. Ayuda a los esposos a ver al otro como personas y creadores de personas de forma apropiada, ya que es en la procreación donde la gente percibe su dignidad de hijos hechos a imagen de su Padre.

Joseph B. Stanford, doctor en Medicina, es Catedrático de Medicina Familiar y Preventiva en la Universidad de Utah (EE.UU.), y fue hasta hace poco Presidente de la Academia Americana de Planificación Familiar Natural. Partes de este documento se han adaptado de un ensayo que apareció en Physicians Heales (One More Soul). (Traducido por Victor A. Ramia).

Obispo Dr. Klaus Kung (Austria)

1. Antecedentes

Quiero empezar con unas consideraciones  comprendidas en el título de esta ponencia que son muy importantes para mi, especialmente para la comprensión y entendimiento de “educar para amar” para que lo que expongo sea entendido correctamente.

¿Qué es el amor?

Aunque ‘amor’ es una palabra que utilizamos mucho, también es una palabra gastada, debilitada y fatigada.

En las Sagradas Escrituras, se utiliza frecuentemente la palabra ‘amor’.

“El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que nos ha sido dado’” (Rom 5,5), escribe San Pablo. Esto parece tener otro significado que el enamoramiento que puede florecer entre un joven y una joven.

Siguiendo la ley del Antiguo Testamento, Jesús nombra los principales mandamientos: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu”. Para Él el segundo tiene igual importancia: “Amarás al prójimo como a ti mismo” (Mt 22, 37). El nuevo mandamiento proclamado por Jesús dice: “Que os améis unos a otros. Así como yo os  amé, así también vosotros améis mutuamente” (Juan 13, 34). La parábola de las ovejas y las cabras revela que la existencia o la carencia del amor será el factor determinante el Día del Juicio Final. (Mt 25, 33 ff).

“El amor” concierne y afecta a todas las capas de la personalidad del ser humano. El amor sexual significa la completa devoción y dedicación de un hombre a una mujer y de una mujer a un hombre.  Ciertas emociones acompañan a este amor y hacen posible que niños emanen de él. Por supuesto, este aspecto del amor es especial, basado en el hecho de que el ser humano fue creado como hombre y mujer y que el amor humano nunca puede ser asexual.

“Educación para amar”, en consecuencia, no significa ‘educación’ en términos de la enseñanza de los hechos fisiológicos del hombre y la mujer, los cuales les permiten ser padre y madre. ‘Educación para amar’ tampoco instruye solamente sobre sensaciones afectivas, ni sobre maneras de hablar o comportarse.

2. La naturaleza del amor

‘Deus caritas est”, “Dios es Amor” (John 4, 8), se lee en las Sagradas Escrituras. Juan escribe exactamente: “El que no ama todavía no ha conocido a Dios porque Dios es amor “. El creyente reconoce que el amor humano, si es verdadero y real, proviene de Dios. Se aprecia la conexión con el hecho de que el ser humano fue creado a Su imagen. (Gen 1, 26).

En la exhortación apostólica titulada “Familiaris consor­tio” ‘ Juan Pablo II explica: ‘Dios es amor y vive en sí mismo un misterio de comunión personal de amor. Creándola a su imagen y conservándola continuamente en el ser, Dios inscribe en la humanidad del hombre y de la mujer la vocación y consiguientemente la capacidad y la responsabilidad del amor y de la comunión. El amor es por tanto la vocación fundamental e innata de todo ser humano.’ (FC 11).

‘Educación Para Amar’, escrito por Carol Wojtyla antes de su elección como Papa, había aparecido ya en 1979 en alemán (antes del FC) El Papa explica que la semejanza a Dios  esta inscrita en la existencia de todo ser humano.

Cada ser humano es una persona, lo que significa que él o ella es único, insustituible, espiritual y libre, con la capacidad para comprender y para amar y en consecuencia el compromiso voluntario de uno mismo se hace posible. Es una forma de amor que se entrega totalmente con conocimiento de la escala y la dimensión, de la amabilidad y la belleza de una persona, la cual puede ser Dios o un ser humano. (“Educación Para Amar”, pág. 43 s). Además, el Papa explica que este compromiso de uno mismo en y a Cristo – nuestro Dios que se hizo hombre para nosotros – alcanza la plenitud.

Al mismo tiempo debemos tener en cuenta que el ser humano ha pecado y ha dado la espalda a Dios. Por eso su amor esta desordenado, pervertido por el egoísmo y, a veces, incluso destruido.

El ser humano pierde fácilmente su libertad, el requisito del amor; su poder cognitivo del bien y lo hermoso se disminuye, su voluntad es débil. De esta manera se desarrollan los factores que impiden  que crezca el amor. El amor puede ser extinguido y lo que podría/debería ser una expresión de un gran amor, quizá lleve a una aflicción, una ofensa o una humillación.

Pero Dios no desea que los humanos se pierdan, que pierdan el camino y, más importante, el amor. Así que nos envió a su hijo. Dios se entrega a nosotros en Cristo. Conectado con Él de esta forma podemos entregarnos a pesar de nuestras debilidades y amar verdaderamente.

Así, educar para amar es esencial para cada persona, concierne al alma y al cuerpo, al espíritu y al corazón. Su práctica es necesaria e importante durante toda la vida. Cada persona está destinada a amar. Cada persona tiene que encontrar la forma de amar. Aquí tiene importancia la parte sexual. No es el aspecto constitutivo del amor,  ni la parte esencial, pero es un elemento y un componente de cada ser humano y no debemos ni eliminarlo ni rechazarlo.

3. Fases y contenido básico

A) La Niñez

La educación para amar empieza antes de nacer en la manera en que los padres acogen a su hijo, lo esperan y le traen al mundo. Hoy los conocimientos de la psicología nos informan de la manera en que una experiencia horrible, el estrés u otra carga sobre la madre durante el embarazo pueden afectar al bebe intensamente y en muchos aspectos.

Deseando dar al niño todo lo que necesita, todo lo que le ayudará en el camino de la vida y especialmente en el desarrollo de una verdadera capacidad de amar, los padres creyentes permiten el bautismo de su hijo.

A través del bautismo, el niño se integra en la iglesia y se libera del pecado original – del pecado derivado de sus antepasados. También es un vínculo con Cristo. De esta manera se crean las bases fundamentales donde crecerá el amor verdadero.

Es de máxima importancia que durante la primera fase de la vida un niño se sienta bien acogido, aceptado y querido. Los padres son los primeros que expresan el amor. Desde el principio se desarrolla un lazo profundo entre ellos. La presencia y la devoción afectuosa del padre son de una vital importancia. Hoy en día tenemos mejor constancia de esto por ciertas aberraciones de la personalidad que pueden aparecer cuando falta la presencia paterna.

Debido al embarazo, a la lactancia, y al cuidado intenso del niño, la relación del bebe con su madre es, al principio, mucho mas fuerte que la que tiene con su padre. Sin embargo, el niño necesita del amor de la madre y del padre de forma distinta, para asegurar un desarrollo y crecimiento saludable.

El niño aprende los primeros pasos en la vida de sus padres (también en sentido figurativo), empieza a explorar su entorno. Los padres cristianos pronto le ‘enseñan’ también a Dios. Le enseñan la señal de la cruz en la frente y rezan con él. Muchos autores espirituales han observado que un niño que no aprendió a rezar en el regazo de su madre o su padre manejará tópicos religiosos con dificultad más tarde en la vida.

El niño pronto empieza a reconocer su identidad de niño o niña y hace preguntas, a las cuales debemos responder con naturalidad.  Si el niño espera a un hermano o una hermana, puede ser un buen momento para hacer algunas aclaraciones esenciales.
Especialmente durante la primera fase de la vida, la familia es la más importante ‘escuela’ de vida, de amor y de fe. Nada puede reemplazarla durante este periodo.

La asistencia a una guardería es normalmente un complemento útil y la participación en un escuela elemental es necesario (en los EE.UU. hay una tendencia a la así llamada  ‘escuela en casa’)

Normalmente la educación sexual en el parvulario y en la escuela elemental es problemática. Los padres deben insistir en tener voz en los proyectos escolares. Tienen derecho a decidir si la educación es adecuada para su hijo, en vez de simplemente recibir información de lo que se les ofrece.

No debemos subestimar los efectos sobre los niños, los adolescentes y también los adultos  de la eroticización del niño en lo que Freud llama ‘la fase latente’. Es posible causar la eliminación de la fase latente normal por una educación sexual inapropiada o prematura, por la utilización incontrolada de la televisión y de Internet o por los periódicos dejados por ahí que pueden tener un contenido parcialmente pornográfico. También influye la falta de respeto por las reglas normales de comportamiento y modestia en la misma familia o en las actividades recreativas. Se crean fijaciones perjudiciales que pueden causar un comportamiento obsesivo y un estrechamiento del horizonte espiritual que, a su vez, pueden causar una degradación de los valores humanos. Los resultados de una agresión sexual o del abuso sexual pueden ser serios y graves. Tratamiento terapéutico suele ser necesario y tales agresiones pueden destruir toda una vida. La educación para amar no es compatible con la tolerancia habitual de la pornografía en la casa, en el colegio o en el trabajo con los jóvenes. La vigilancia es imprescindible e incluso a veces una intervención adecuada. Es menester declarar de nuevo la virtud de la pureza, hacerla accesible a jóvenes y mayores. La virtud de la pureza santa, “la cual, aunque no es la única ni la más importante, afecta a la vida cristiana como la sal que previene la corrupción (..) y es la piedra de toque para el alma apostólica” (San Josémaria, Los Amigos de Dios [Freunde Gottes], 175), San José Maria Escrivá lo expresó bien.

B) La Preadolescencia y La Adolescencia

Una introducción a los secretos de la vida, de la reproducción y del amor es necesaria pero siempre con datos correctos y realizada según la edad y desarrollo personal del joven.

El momento de realizar esta introducción es importante ya que debe ocurrir antes del inicio del proceso de madurez biológica y emocional. Es menester hablar con sus hijos antes de que lo haga otra gente. De esta manera es posible prevenir que se establezcan miedos, asociaciones o imaginaciones erróneos. Así los adolescentes estarán mejor preparados para afrontar una posible educación sexual inadecuada.

Los padres son los responsables de hacer posible a sus hijos adolescentes la búsqueda del amor verdadero y la adquisición del equilibrio y estabilidad interior necesarios para crear y asentar una familia y también para llevar una vida adulta responsable. Lo mejor es que el padre comprensivo habla con su hijo y que la madre cariñosa con su hija sobre diferentes temas, siendo los consejeros discretos de sus hijos cuando éstos tienen dudas o preguntas. La mutua confianza entre padres e hijos es necesaria, junto con unos conocimientos adecuados, facilidad de comunicación e iniciativa por parte de los padres.

Es preferible que los adolescentes no sufran desilusiones importantes o experiencias que pesan demasiado.

Hoy en día ‘el sexo precoz’ está muy extendido. Podemos relacionarlo con los anuncios, el entretenimiento de hoy y las ofertas de la TV e Internet, además de la educación sexual ofrecida en revistas como ‘Bravo’. Los folletos entregados a los alumnos en los colegios, financiados por la Institución o Autoridad responsable, no son mejores. Las campañas sobre el SIDA también han contribuido a la situación al extender una información sesgada,
además de distribuir condones. Hoy se considera normal que dos jóvenes que apenas se conocen tengan relaciones sexuales. La única regla proclamada es “prevenir, protegerse”, nombrando las diferentes opciones: condones, la píldora anticonceptiva, la píldora del día después. Y cuando ya es demasiado tarde, el aborto. No importa si la Iglesia se calla. ¿Quién se atreve a hablar sobre ciertos temas para luego ser condenado inmediatamente, para ser ridiculizado. Los curas están desconcertados y muchos padres no saben actuar: ceden en parte a las tendencias del momento. El hecho de que muchos niños ni siquiera tienen un verdadero hogar constituye otro problema. Por eso, pasan horas delante de la tele, ven películas pornográficas en Internet y, demasiado pronto, huyen a relaciones sin la adecuada preparación necesaria.

El daño causado por estas relaciones íntimas – precoces y poco duraderas – es grave. Las consecuencias, casi inevitables, son desilusiones y heridas profundas y no es de sorprender que en un posterior matrimonio la lealtad y la fidelidad sean difíciles de lograr. La capacidad de entrega y compromiso es débil, debido al anterior comportamiento promiscuo que incluye relaciones íntimas.

Ya que la parte sexual de estas relaciones se activa muy pronto, la necesidad de conocer a la persona (ó pareja) disminuye. Si esto pasa a menudo, puede llevar a las personas con este comportamiento a sentirse utilizadas o humilladas. En estas condiciones es difícil encontrar el verdadero amor y menos posible aún que crezca. Ya no es posible mantenerse al margen; es necesario hablar. El amor está en peligro y también la felicidad de la vida. Es menester pensar de nuevo.

Es verdad que la situación exige mucho de los padres; es frecuente que les faltan conocimientos y convicciones, A veces es más fácil para los adolescentes hablar de ciertos temas con otras personas.

Teenstar se desarrolla especialmente en el entorno académico y lo considero factible y merecedor de consideración porque los contenidos de los cursos Teenstar forman la idea básica del hombre – en cuanto puedo ver – conforme al Orden de La Creación. Teenstar considera y atiende a los deseos de los padres. Es un hecho que muchos padres no asumen el importante deber de la educación sexual de sus hijos, así que otros se ocupan del tema. Desafortunadamente esto puede dañar a los adolescentes.

Es de gran importancia que los secretos de la vida y del amor muestran el Plan de Dios para la Creación con la reverencia apropiada.

La sexualidad esta orientada a la reproducción por la parte biológica. Puede parecer muy seco y clínico dicho así pero además trata de un gran secreto.

En la unión sexual el hombre y la mujer se hacen uno. Debe ser la expresión de una devoción mutua. Pero únicamente ocurre si se cumplen todos los requisitos.  Las dos personas deben estar casadas, debe pertenecerse el uno al otro para siempre y sin restricciones, tienen que entregarse plenamente y aceptar al otro plenamente y tienen que estar dispuestas a ser padre y madre.

Solamente de esta manera la unión sexual puede aunarse con algo precioso y santo, algo que nos conecta con Dios y su amor. Nos convertimos en ‘trabajadores de Dios’ y la vida asume una existencia muy especial cuando el alma, creado por Dios, procede de Él. Más tarde, somos ayudantes del Salvador/Redentor a entender y aceptar con cariño nuestra misión educativa.

Es importante reflejar los secretos de la vida y el amor humano de la mejor manera posible para ofrecer un buen modelo a los adolescentes. Así verán las cosas importantes de la vida y del amor y además aprenderán ir al encuentro de las cosas preciosas y santas con reverencia. No debemos trivializar estas cosas, no debemos reducir todo a un placer ligero, superficial y relámpago.  .

Hoy en día la fundación de una familia en nuestro país constituye muchas veces un problema. Los adolescentes viven juntos durante un tiempo sin estar casados. La mayoría de las veces ni siquiera saben si desean casarse.

A primera vista puede parecer razonable y sensato probar primero, para ver si pueden vivir juntos. Sin embargo, la alta tasa de divorcios demuestra que este planteamiento no sirve. Por el hecho de que el componente sexual tiene máxima importancia demasiado pronto, los adolescentes empiecen a conocerse bien más tarde, una vez establecida la relación intima. Su libertad para decidir el camino a seguir esta coartada porque una decisión negativa sería muy dolorosa. Y si esperan a un niño la situación empeora. Algunas parejas se casan debido al bebé pero este hecho lleva muchas veces a reproches. ‘Nunca me hubiera casada contigo si no fuera por el niño’. De esta manera muchas parejas se encuentran casadas sin haber decidido estar juntos para toda la vida. A menudo no tienen la base y la ayuda del sacramento de matrimonio. No es sorprendente, pues, que fracasan. .

Cuando piensan en estos acontecimientos los padres a menudo se encuentran impotentes. ¿Qué hacer?  Las prohibiciones resultan casi siempre contra productivas. La Iglesia tampoco parece capaz de hacer mucho. ¿Quién escucha a ella? ¿La gente sigue hablando de este problema hoy en día?  La pauta, sin decirlo claramente, parece ser ‘laissez-faire’ en muchos sitios, incluso donde se trabaja con los jóvenes.

Sin embargo, hay nuevos avances entre los que descubren a Cristo, tanto en los EE.UU. como en Europa. Mucha gente ya reacciona. Se trata de la virtud y la dignidad de la persona, del tesoro que cada uno lleva en su corazón. Respetar ciertos límites y  fronteras no constituye una restricción, sino es necesario para lograr la libertad interior. La persona que los aparta pone en peligro su búsqueda del camino del amor. El egoísmo gana la batalla y empieza a ahogar el amor. Es menester reconocer que es mejor esperar hasta  contraer matrimonio.

Los jóvenes están receptivos a los argumentos. Es, sin duda, un reto que nosotros como Iglesia, padres y personas que acompañan a los jóvenes en la búsqueda del camino de la vida tenemos que afrontar.

Tampoco podemos olvidar que Cristo, el Redentor, esta aquí para todos, incluso para la persona que ha actuado mal y ha pecado. Siempre habrá un nuevo camino.                                                La situación demográfica también ofrece un problema  en Europa y muchas partes del mundo.. Es un secreto a voces: no tenemos suficientes niños. Algunos creen que la solución al problema es la eutanasia y la inmigración. Los niños son un tesoro, la familia es una cosa hermosa, la dedicación a la familia y a los hijos es un reto, absorbente y una tarea que realiza a uno. Es necesario hablar de esta cuestión con jóvenes y mayores, en la Iglesia, en las comunidades  pero también con los políticos.

Tener niños es algo hermoso y enriquecedor: deberíamos explicar y demostrar que es así. Tener niños nos protege del egoísmo y no conduce al simple crecimiento de una familia – si la responsabilidad paternal se implementa bien – sino a la madurez de toda persona involucrada y  afectuosa.

La Iglesia aprueba la paternidad responsable, lo que implica que el mismo matrimonio tiene que decidir cuantos hijos quieren pero siempre delante de Dios. La relación entre la Iglesia y la sociedad hoy en día deja claro lo que necesitamos. Un matrimonio cristiano planteará muchas veces la pregunta: ¿no deberíamos tener más hijos?  Los niños necesitan hermanos para desarrollarse plenamente pero,  además, Dios ha dado a los padres un gran corazón con sitio para muchos niños. Quizás en una familia pequeña, uno o dos hijos recibirían un amor muy concentrado y abrumador.

Es menester hablar de la anticoncepción, práctica común aquí, y del aborto que ocurre con demasiada frecuencia.

La anticoncepción pone en peligro el amor; el aborto deja heridas profundas en la sociedad. La planificación familiar natural requiere auto-control y respeto. Conlleva para la pareja el dialogo y la comunicación y una responsabilidad compartida y además, conduce a mirar cariñoso y cercanamente al gran secreto introducido en nuestra naturaleza por Dios. Es un elemento importante de la educación para el amor.

C) antes de las grandes decisiones de la vida: la preparación distante y próxima para el matrimonio. El Pastoral de la Vocación.

Como ya he dicho antes, la educación para amar no puede limitarse a explicaciones de los órganos sexuales, hormonas y métodos anticonceptivos. La educación para amar abarca mucho más. Un niño tiene que aprender a ser afectuoso y amistoso; a hacer regalos a los demás; a reconocerse a si mismo; a superar los malos humores; a respetar ciertos limites y fronteras.

Poco a poco, la gente implicada dejará que los niños y los adolescentes asuman más y más responsabilidad mientras crecen. Deben crecer y madurar, exteriormente sí, pero también en su manera de pensar, de hablar y de comportarse. La tarea más importante durante este proceso pertenece a los padres y a los hermanos. El colegio, grupos de juventud y los amigos también dan apoyo. Es de gran ayuda si el niño, el adolescente, descubre a Dios, al Señor, Su palabra, Su instrucción y Su gracia. Cuando el adolescente descubre a Dios en sus oraciones y en los sacramentos y empieza a trabajar en si mismo, acepta acompañamiento espiritual y deja que le guíen, es muy posible que él/ella encontrará el amor verdadero.

Lo aquí descrito se define como ‘la preparación distante para el matrimonio’. Al mismo tiempo es la base de la vocación personal del matrimonio, de la familia y también del  sacerdocio u otro modo de dedicarse a Dios. Esta fase de la educación para amar empieza cuando nace el niño y conduce a las decisiones que determinan la manera de vivir. Después, el amor tiene que crecer y madurar.

Durante la adolescencia y después, los grupos juveniles y los amigos son muy importantes. Un ‘Pastoral de Vocación’ real sería necesario, que actúa sobre el supuesto que toda persona tiene una vocación. Siempre es la vocación del amor, aunque las circunstancias y requerimientos serán diferentes.

La preparación próxima para el matrimonio tiene gran importancia. El  proceso debe ser perceptible y debe durar un cierto tiempo sin que sea demasiado largo. Así la pareja que piensa en establecer una familia puede conocerse mejor, puede estudiar sus valores, considerar junto los aspectos esenciales del matrimonio y decidir las bases fundamentales de su vida en común. Me parece que se acercan unos tiempos que verán el renacimiento del ‘noviazgo’.

3. Conclusiones

En vista de los retos que hemos considerado,
no hay duda de que existe una gran necesidad urgente de anunciar la verdad sobre el matrimonio y la familia, el significado de la vida, la verdad y la caridad, a la vez que es necesario hablar de la paternidad responsable y la anticoncepción. Es de gran importancia educar y acompañar a la familia cristiana para que conozca su tarea imprescindible en este campo y también en la propagación de la fe. Quizás habrá que plantear de nuevo la forma de trabajar con los jóvenes. Es menester hacer alianzas. Todo el mundo, maestros, líderes de los adolescentes, matrimonios, parejas todavía sin casarse, el clero, los laicos y también los políticos deben participar. Tengo esperanzas puestas en el Teenstar.

Para concluir, quiero   acentuar el hecho de que algo esta pasando que nos da una esperanza para muchos países del mundo incluyendo Europa Central respecto a la labor pastoral familiar y de juventud. Hay cada vez más matrimonios jóvenes buscando ayuda para formar una familia cristiana y muchos quieren tener una familia numerosa.

Cuentan con Cristo y son optimistas. El deseo del autentico entre los adolescentes respeto al amor verdadero se percibe en muchos países.

Debe ser nuestro deseo y gran preocupación darles un positivo y concreto entendimiento del mensaje del Evangelio.

La juventud tiene este derecho y además espera que nosotros se le demos. Dios este con nosotros.

Curriculum vitae

El Obispo Klaus  Küng nació el 17 de Sep­tiembre , 1940 en Bregenz. Creció en Feld­kirch con dos hermanas y un hermano como hijo del médico de la cuidad Dr. Josef  Küng.

Asistió al colegio en Feldkirch. Terminó en 1958 junto con su famoso compañero de clase el Obispo Erwin Kräutler.

Al  principio siguió los pasos de su padre y estudió medicina en Innsbruck y Viena donde se doctoró en 1964.

En 1960 Bishop Klaus Küng conoció el “Opus Dei”. La espiritualidad del fundador, de San José Maria Escrivá, para santificar la vocación y trabajar de forma apostólica dio un nuevo giro a su vida cristiana.

En 1961 entró en el “Prälatur”del Opus Dei. Estudio filosofía y teología a la vez que estudio medicina, como hacía todos los del Opus Dei.

Siguiendo su vocación interior, el Obispo  Küng asistió al “Lateran University”in Roma durante cuatro años después de licenciarse y hacer un año de prácticas medicas en Viena. En Roma recibió su segundo doctorado en teología y también el ‘licentiate’. Su disertación fue titulada ‘El misterio sacramental de Josef Matthias Scheeben”.

Después de recibir su doctorado en medicina el Obispo Klaus Küng trabajo en el Hospital Emperatriz Elisabeth en Viena.

Después de la pausa en su vida profesional debida a sus estudios de teología, trabajó de nuevo como médico en el hospital de Graz.

El 23 de Agosto, 1970, el Obispo Klaus Küng fué ordenado de sacerdote en Madrid. Después fue a Viena y trabajo de capellán, desarrollando una amplia función pastoral entre estudiantes y adultos.

Desde 1976 a 1989, Küng tenía el cargo de vicario regional del Opus Dei.

El 21 de enero, 1989, Küng fue ordenado obispo de Feldkirch por el Papa Juan Pablo II. Su consegración tuvo lugar en Feldkirch el 5 de marzo, 1989.

El 20 de Julio, 2004 fue Visitador Apostólico de la diócesis en San Pölten.

El Obispo Klaus Küng es el responsable del matrimonio y la familia, de bioética y de las cuestiones que abarcan la protección de la vida dentro de la competencia de la Conferencia Episcopal Austriaca.

Es miembro de la congregación del clero y también asesor en cuanto a los consejos papales sobre la familia.

5th INTERNATIONAL TeenSTAR ‑ CONGRESS
24th to 29th August 2006 ‑ Austria ‑ M6dling/Vienna