La futura ley parte del supuesto de que una educación sexual adecuada, la mejora del acceso a métodos anticonceptivos y la disponibilidad de programas y servicios de salud sexual y reproductiva es el modo más efectivo de prevenir, especialmente en personas jóvenes, las infecciones de transmisión sexual, los embarazos no deseados y los abortos.

Desde el anterior supuesto, el proyecto normativo incorpora a su articulado (Título I, capítulo III, artículos 9 y 10), una serie de medidas que se adoptarán en el ámbito educativo y que se proponen incorporar la formación sexual y reproductiva al sistema educativo desde un enfoque integral que tendrá como objetivos:

a) La promoción de la igualdad entre hombres y mujeres con especial atención a la prevención de la violencia de género, agresiones y abusos sexuales.

b) El reconocimiento y aceptación de la diversidad sexual.

c) El desarrollo armónico de la sexualidad acorde con la personalidad de los jóvenes.

d) La prevención de enfermedades e infecciones de transmisión sexual y especialmente la prevención del VIH

e) La prevención de embarazos no planificados.

Finalmente, el capítulo educativo de la futura norma legislativa indica que
Los poderes públicos apoyarán a la comunidad educativa en la realización de actividades formativas relacionadas con la educación sexual, la prevención de infecciones de transmisión sexual y embarazos no planificados, facilitando información adecuada a los padres y las madres.

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Al final del desarrollo del programa se obtuvo la evaluación de 740 jóvenes, 446  hombres y 294 mujeres. Los grupos diferenciados por edad y sexo se aprecian en la.
Las variables demográficas  indican que 76,8% de los jóvenes estudiados vivía con sus padres. En relación al nivel educacional de éstos últimos, tenían educación media completa o educación superior 21,2% de las madres y 31,2% de los padres. El  81,1% de los jóvenes se reconoció como católico.

A continuación, se analizarán en forma separada los resultados obtenidos en  relación a la tasa de actividad sexual (definida como el haber tenido relaciones  sexuales coitales en los últimos 3 meses), discontinuación de actividad sexual y número de razones que tienen los jóvenes para mantener la abstinencia.

a) Tasa de actividad sexual. El presente estudio mostró que 20% de los adolescentes entre 12 y 18 años ya ha tenido, al menos, una relación sexual, siendo mayor esta actividad en hombres que en mujeres (22,9% y 15,7%, respectivamente).

En todos los rangos de edad evaluados se observó un mayor porcentaje de hombres que mujeres con actividad sexual.

La mayoría de los jóvenes encuestados (86,5%) respondieron que su primera relación sexual fue por consentimiento mutuo, es decir, tuvieron una relación sexual porque así «lo desearon». La primera relación sexual en los hombres ocurrió más precozmente que en las mujeres, en promedio a los 13,9 años en los hombres y 15,5 años en las mujeres. Se observó, en ambos casos, que las parejas sexuales  involucradas en esta primera relación eran de mayor edad y tenían, en promedio, 17,6 y 19,3 años para varones y mujeres, respectivamente.

Entre los 12 y 14 años, 13,4% de los jóvenes de sexo masculino ha tenido, al menos, una relación sexual. Este porcentaje aumenta hasta llegar a 38,1% a los 17-18 años. Si bien las mujeres inician su actividad sexual más tardíamente que los hombres, se observa un importante aumento durante el período de término de la enseñanza  media (17-18 años), llegando a una tasa de actividad sexual de 18,1%.

Es importante destacar el hecho de que los datos observados previamente a la aplicación del programa en los diferentes establecimientos estudiados, no mostraron diferencias significativas entre sí y que tampoco existieron diferencias significativas entre los jóvenes programa y control (p >0,1). Al ser consultados sobre el uso de métodos anticonceptivos, 27% de los alumnos indicó que «siempre» trató de  prevenir el embarazo por esta vía y 18,2% lo hizo «la mayoría de las veces». Esto, a pesar de que 87,8% de los jóvenes sexualmente activos, indicó conocer las técnicas que existen para prevenir el embarazo. Al realizar el análisis del efecto del programa
TeenSTAR en los jóvenes participantes, se observó que la tasa de iniciación de vida sexual, es decir, la transición de virgen a no virgen fue de 15,3% por año en el grupo control versus 6,5% en los jóvenes participantes del programa. Al realizar el análisis por sexo, se observó que la tasa de iniciación para los hombres fue de 17,6% versus 8,8% en jóvenes control y programa, respectivamente (p <0,004); y para las  mujeres fue de 12,4% en jóvenes control y 3,4% en jóvenes programa, respectivamente (p <0,0001). El tamaño de la muestra en estos casos fue menor al inicial (492 vs 740) ya que se incluyeron los alumnos que cumplieron con los criterios de haber contestado la pregunta de conducta sexual en ambos test y que las respuestas fueran concordantes, además de los criterios de inclusión analizados antes en este trabajo.

En el transcurso del estudio hubo que lamentar pérdidas de unidades pertenecientes a la muestra, tanto del grupo que pertenecía al programa como del grupo control. Con el fin de comprobar que la pérdida de unidades muestrales afectó por igual a ambos grupos en el estudio, se realizaron dos pruebas estadísticas que confirmaron, que la tasa  de respuestas obtenidas en el grupo dentro del programa, con la tasa de respuestas obtenidas fuera del programa, eran homogéneas (test de homogeneidad
p >0,05). Esto quiere decir que la proporción de personas que terminó el estudio en el grupo del programa, no difiere significativamente de la proporción de personas  que terminó el estudio y no pertenecía al programa. La misma conclusión se obtuvo haciendo una prueba Z, basada en la distribución normal en que se compara la tasa que termina el estudio en el grupo del programa con la tasa que termina el estudio en el grupo fuera de programa.

La distribución de los alumnos excluidos de los grupos programa y control no tuvo una diferencia estadísticamente significativa, por lo que la exclusión de dichos  cuestionarios no afectaría la validez de los resultados del estudio.

b) Discontinuación de la actividad sexual. Veinte por ciento de los jóvenes incluidos en el programa ya habían iniciado su actividad sexual. Estos se dividieron en: a) los que se encontraban sexualmente activos al inicio del programa (es decir, que habían tenido, al menos, una relación sexual en los últimos tres meses), y b) los jóvenes que ya habían tenido una relación sexual, pero que por diversas razones habían  discontinuado su actividad sexual (mayor o igual a tres meses de inactividad sexual). Los resultados mostraron que 20% de los jóvenes programa sexualmente activos al inicio de éste discontinuaron su actividad sexual después de la intervención. Ello, en comparación con 9% del grupo control (p <0,03). Con respecto al grupo de jóvenes que ya habían tenido una relación sexual, pero que por diversas razones habían  discontinuado su actividad sexual (mayor o igual a tres meses de inactividad sexual),
el estudio mostró que 11,7% reinició su actividad sexual al final de la intervención, no observándose un reinicio de la actividad sexual en los jóvenes programa (p  <0,04).

c) Aumento del número de razones para la abstinencia sexual. Al analizar las razones que tenían los jóvenes para no iniciar su actividad sexual (principios religiosos, miedo a embarazo y contagio de enfermedades de transmisión sexual, no haber encontrado a la persona adecuada, no sentirse preparado, no tener la oportunidad, temor de decepcionar a los padres, no querer ser usado, entre otras), observamos que, en los jóvenes programa, ocurrió un aumento del número de razones para no tener una relación sexual, pasando de tener sólo una razón al inicio del programa, a
dos o tres razones al final de éste. En los jóvenes controles no hubo variación en este parámetro.

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El aumento de los embarazos en adolescentes y el gran porcentaje de enfermedades de transmisión sexual que  concentra esta población, hacen deseable el logro de cambios en la conducta sexual de los adolescentes. Una manera de abordarlo, que cada día gana más adeptos, es la promoción de la abstinencia sexual. El concepto de abstinencia sexual incluye tanto la abstinencia primaria, es decir, el retraso de la edad de iniciación sexual; como la abstinencia secundaria, entendida como la discontinuación de la actividad sexual cuando ésta ya ha sido iniciada.

La educación en la abstinencia sexual se define como la enseñanza de los beneficios de esta práctica en términos de  ganancia en los ámbitos social y de salud, pero también de las posibles consecuencias de la actividad sexual en adolescentes como serían el riesgo de embarazo y contagio de enfermedades de transmisión sexual12.

La abstinencia es un método que provee total protección para evitar el embarazo adolescente y las enfermedades de transmisión sexual. Además, ningún estudio ha probado que su promoción sea deletérea para los jóvenes y no tiene  efectos secundarios indeseados.

Algunos programas de abstinencia sugieren que los adolescentes no son capaces de comprender la totalidad de las  implicancias de su actividad sexual y no son lo suficientemente maduros como para manejar las consecuencias de ésta.  Por lo anterior, es importante que los programas de educación en esta área enseñen a saber decir que NO frente a  las «presiones sexuales» a las que se ven sometidos los adolescentes. Diversos estudios muestran que los  adolescentes identifican a las presiones para tener relaciones sexuales como la primera amenaza a su salud y que lo que más desearían saber es «cómo decirle que no a una pareja sin perderla»17,18. Por otra parte, una vez que los  adolescentes comienzan a tener una vida sexual activa, tienden a continuarla en el tiempo.
Es importante destacar que entre los logros del programa TeenSTAR está el aumento de la tasa de discontinuación de actividad sexual.

Algunas investigaciones han demostrado que los adolescentes están en una etapa de desarrollo, caracterizada por un  procesamiento parcial de la información y por una falla en la capacidad de anticipar las consecuencias futuras de sus  acciones19. Esto se conoce como la invulnerabilidad del adolescente y es lo que determinaría que, para ellos, sea difícil comprender y utilizar los métodos anticonceptivos de manera eficiente y consistente.

Esto explicaría que, si bien la mayoría de los adolescentes conocen cuáles son y cómo se usan los diversos métodos anticonceptivos, no los utilizan12. Con respecto a esto, nuestro estudio arroja un leve aumento en la tasa de uso de métodos anticonceptivos en las relaciones sexuales, de 13,5%, presentada en trabajos previos, a 18,2%3,20,21.  También se observó un aumento con respecto al conocimiento que se tiene de ellos, de 54,8% a 87,8%10. Sin embargo, los datos obtenidos en este trabajo siguen siendo concordantes con la hipótesis de la invulnerabilidad.

Estudios  previos, en que se han evaluado las diferencias de género en la sexualidad adolescente, han demostrado que las  mujeres tienen mayor tendencia a la abstinencia sexual que los hombres. La causa de esto se atribuyó a que ellas percibirían tener mayor control que los hombres sobre sus impulsos  sexuales14. Esto es concordante con los resultados de nuestro trabajo y es importante considerarlo al elaborar y al aplicar programas de educación sexual.

Es difícil comparar los programas de educación sexual entre sí porque no son del todo iguales y el énfasis que se da a  diferentes áreas no es el mismo. Sin embargo, la evaluación de diferentes programas de educación sexual para adolescentes, ha permitido determinar ciertas características de éstos que hacen que logren promover la abstinencia sexual entre los adolescentes19. Éstas son:

– Que estén fundados en teorías de conductas saludables (por ejemplo,  promover la actividad física y evitar el tabaco y el alcohol).
– Que incluyan a los padres para lograr sumayor participación y para mejorar el nivel de comunicación con los  adolescentes.
– Confrontar las influencias sociales y de los medios de comunicación con los valores familiares y con conductas saludables. Evaluar en qué difieren unas de otras.
– Entrenamiento en técnicas de negación consistentes y adecuadas a su edad y entorno social.
– Incluir el juego de roles, que permite practicar las técnicas de negación, negociación y comunicación.
Les permite además imaginarse situaciones en las que podrían encontrarse.
– Utilizar material anexo como videos, historietas, ropa, posters, entre otros.

El programa de educación sexual para adolescentes TeenSTAR incluye todos los elementos de éxito mencionados anteriormente. Se basa esencialmente en lograr que los jóvenes conozcan y comprendan los mensajes que les envía su cuerpo en relación a su fertilidad, a la vez que les enseña a formarse y valorarse como personas íntegras, dignas de todo el respeto que ellos mismos, sus pares y la sociedad completa les deben. Se
desarrollan los conceptos de intimida, libertad y responsabilidad. Al mismo tiempo, se informa a los jóvenes sobre los distintos métodos anticonceptivos y las formas de prevenir las enfermedades de transmisión sexual. Nunca se les niega información, solamente se les educa para que puedan recibirla y utilizarla responsablemente.

Los programas de educación sexual tendientes a retrasar el inicio de la actividad sexual muestran ser  efectivos4,23,25-27. De acuerdo a estos estudios, los programas que desarrollan la valoración por la persona, así como la decisión libre e informada, tendrían mayor impacto en los adolescentes.

El programa TeenSTAR demostró ser efectivo en retrasar la edad de iniciación sexual y también mostró resultados positivos en relación a la discontinuación de la actividad sexual y al número de razones que tienen los jóvenes para  mantener la abstinencia sexual. Estos resultados se obtuvieron en todos los grupos estudiados, independiente de las variables demográficas expuestas previamente en este trabajo y de la disminución del tamaño muestral por la  exclusión de cuestionarios considerados como no válidos.

Los programas de educación sexual de esta índole serían una opción válida para enfrentar el problema del embarazo adolescente y las enfermedades de transmisión sexual. Creemos que estudios de este tipo permitirán mantenernos informados acerca de las características del comportamiento sexual de nuestros adolescentes para poder así mejorar los programas de educación ya existentes.