17/11/2009

Tócala otra vez, Sam... flauta dulce

Tan sólo una semana ha pasado desde las declaraciones del Secretario General de Sanidad, José Martínez Olmos, en las que afirmaba:

«el Gobierno presentará antes de fin de año su propuesta. Consensuada con las sociedades científicas, el objetivo es formar a los más jóvenes en una salud sexual responsable

Educación sexual en el cole, por ley, ABC, 8 de noviembre de 2009

y se han desatado las pasiones.

Por un lado, se ha dado a conocer la iniciativa de la Junta de Extremadura «El placer está en tus manos» en las que, con el apoyo de una Sex-Shop de Madrid (¿no las tendrán en Extremadura?) se han programado talleres para enseñar a masturbarse a los jóvenes (¿será que en Extremadura no saben hacerlo?).

Rápidamente se han interesado por la pedagógica iniciativa desde la Junta de Andalucía, y, para no ser menos, se ha defendido también desde el Consejo de la Juventud del Principado de Asturias, aunque la presidenta de la Asociación Estatal de Profesionales de la Sexología, Ana Fernández se queje de que la campaña no está elaborada por sexólogos, «que son quienes realmente están capacitados para elaborar material de educación sexual». Menos intrusismo, claro que sí, aunque parece ser que trabajo en este campo va a haber para todos.

Así las cosas, el filósofo inspirador de la Educación para la Ciudadanía, asignatura que abrió la Caja de Pandora de la “educación afectivo-emocional”, José Antonio Marina, ha salido a la palestra intentando poner fundamento donde los demás han visto la veda abierta:

A estas alturas de la película, la presidenta del Consejo de la Juventud se cree obligada a «superar los falsos mitos que surgen en los corrillos de jóvenes», cuando lo que hay que superar es la trivialización irresponsable del sexo. Vamos a hablar en serio. Tonterías educativas, ninguna. (…) Pero ahora estamos hablando de educación sexual para hoy. Y esto exige un modo serio, completo, sistemático, responsable, razonado de tratar el asunto. No el estremecimiento picantito de los placeres de Lola.

José Antonio Marina, El Mundo, 15/11/09

¿Adivinan la temática del próximo manual del prolífico educador?

Y por si quieren leer algunas de las opiniones que han desatado los innovadores talleres masturbatorios, les ofrezco una selección:

© 2009, Diario de un padre objetor. Todos los derechos reservados. Este texto puede ser citado siempre que se indique su procedencia y se enlace con su origen.

por Martha Morales

“El que un adolescente sea casto es absolutamente esencial para su felicidad”, asegura Patrick Fagan, experto en Antropología de la sexualidad. El también afirma que quisiera con cariño gritar a los jóvenes: “No te dejes engañar y pienses que la mayoría de los jóvenes tienen relaciones sexuales. ¡No las tienen! Hay mucho que saber y que pensar antes de acceder a ellas”.

Las relaciones sexuales entre adolescentes son un riesgo para tu cuerpo, para tus emociones y para tu futuro. Es maravilloso que en Estados Unidos crezca cada vez más la abstinencia sexual entre los jóvenes.

Es cierto que hay jóvenes que deciden tener relaciones sexuales; pero eres tú quien tendrá que vivir con las consecuencias de tu decisión. Hay muchas formas de expresar tu cariño sin tener relaciones íntimas. Trata de evitar las situaciones que intensifiquen las emociones sexuales. Es más difícil “frenar” entonces.

Carlos Beltramo dice que los besos y caricias mueven las hormonas. A veces, tú como joven puedes afirmar:

— Las hormonas son imparables.

— Y ¿dónde estuviste?—, te preguntamos.

— En un parque a las 3 a.m… Bueno, estuve desde las 8 p.m. allí con mi novia.

¿Quién eligió? ¿Quién se puso en esa situación? Es normal que haya impulsividad si nos ponemos en la ocasión: un piquito, otro piquito, un tercer besito. Luego “¡Qué cansados estamos! Vamos a sentarnos en el sillón”. Pregúntate: ¿Por qué te metiste en el departamento con ella? Es subirse al caballo y darle con la espuela.

Hay adolescentes que piensan: “Si ella no cede, no me ama”. Al ser un sentimiento, al enamoramiento lo matan fácilmente las experiencias negativas. El verdadero amor crece, aunque haya experiencias difíciles.

Para vivir la pureza (castidad), mantente ocupado (a) con los deportes y con las actividades en grupo.

Algunos adolescentes ven la sexualidad como una actividad de ocio placentera, por eso hay menos densidad en el enamoramiento, menos pretensión de eternidad. La experiencia del enamoramiento es la más plena de las experiencias. No es electiva, es sorpresiva. Yo me sorprendo enamorado.

Si tú y tu pareja no pueden ponerse de acuerdo, entonces quizás es mejor que busques a otra persona que piense igual que tú. Decir “no” puede ser la mejor manera de decir “te amo de verdad”. La castidad no es rechazo ni menosprecio del amor. Significa más bien defender al amor del egoísmo.

Repito: El que un adolescente sea casto es absolutamente esencial para su felicidad. La masturbación y la pornografía hacen que el hombre busque el placer al ritmo de su sexo. Genera placer, sí, pero no entrena para ser feliz. No entrena para amar.

Las personas necesitan crecer en la paciencia. Este es un déficit muy común en la sociedad moderna, pues se alienta la gratificación instantánea desde la infancia. Para cobrar fuerza en la virtud de la paciencia, la persona no debe darse a la impaciencia, pues al hacerlo debilita la virtud y fortalece el defecto.¡Vale la pena crecer en buenos hábitos y esperar!

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Como consecuencia del primer factor, se verifica una ilimitada invasión de mensajes de contenido sexual, la exaltación de la llamada libertad sexual, la omnipresencia de lo sexual en todos los ámbitos culturales: publicidad, prensa, radio, cine, televisión, internet, espectáculos, educación, ocio, deporte, trabajo… Estudios recientes han mostrado que el 75% de las películas que se ven en la televisión por cable son pornográficas, con escenas cada vez más violentas y agresivas, porcentaje que aumenta hasta un 92% entre los clientes de los  hoteles. La proliferación de imágenes sexuales demuestra que vivimos en una sociedad erotizada, que permanentemente excita a los individuos desde el punto de vista sexual, condicionando fuertemente la elaboración de la sexualidad juvenil. Muchos jóvenes, de hecho, visitan las páginas web pornográficas, y algunos de ellos, así alimentados, se encierran en una sexualidad imaginaria y violenta, en la que domina una masturbación vivida como fracaso de llegar al otro y que por lo tanto puede complicar la elaboración del impulso sexual. La masturbación, si dura en el tiempo, es siempre síntoma de un problema afectivo y de una falta de madurez sexual.

La propaganda tiende, pues, a cosificar la sexualidad y a hacer de ella objeto de consumo. Se trata de una concepción utilitarista que se aplica a la sexualidad considerándola un producto de consumo. La sociedad del bienestar basa su éxito en la promesa de satisfacción de los deseos humanos en un modo inimaginable. Esta sociedad logra hacer permanente la no-satisfacción. Como toda relación es débil, tratemos de tener cuantas más mejor, de modo que podamos encontrar aquí y allá algo que nos satisfaga, comprensión o simpatía. El criterio comercial para extender su consumición es claro: más cantidad, mayor rapidez de excitación, más intensidad de placer.

Este uso de la sexualidad genera, además, una gran cantidad de intereses económicos que la convierten en un mercado atractivo y floreciente que rinde cuantiosos beneficios y que, por ello, se extiende en numerosas ramificaciones: el negocio de la pornografía, la prostitución, los medios anticonceptivos, el aborto, etc. La sexualidad se considera un fin lucrativo y de compraventa. Su oferta genera y promueve una repetición de experiencias sexuales, cuya consumición masiva es el fin que se persigue. La invasión y saturación de sexo parece atravesar transversalmente toda la cultura de la sociedad actual, que sorprende al hombre en cualquier esquina, anuncio, revista, programa, película, dirección de internet… creando una sensación de indefensión que resulta no pocas veces abrumadora, con la tentación de resignarse a no poder hacer nada, a tener que “habituarse a convivir” con todo ello.