DESCARGAR PDF: El programa Teen Star para la educación afectivo-sexual
Los cursos de educación afectivo-sexual son elementos que incide directamente en el punto de la maduración de la persona. Su importancia actual se debe a la constatación de la dificultad objetiva de alcanzar esta maduración y del descubrimiento del valor personalizador de la sexualidad.

En nuestros días, la juventud vive en una cierta indeterminación ante la elección del tipo de vida. Algunos prefieren postergar los plazos definitivos y atrasar así el ingreso en la vida adulta o la asunción de compromisos  definitivos. Al no preguntarse sobre sus problemas de autonomía, no se sienten obligados a hacer elecciones fundamentales.

La diferencia principal respecto a la mayor parte de las generaciones precedentes (que hacían una elección precisa con una prioridad precisa) consiste en la propensión de vivir contemporáneamente diversos aspectos de la vida, aspectos a veces contradictorios, sin jerarquizar las propias necesidades y valores. Algunos jóvenes son hoy muy dependientes de la necesidad de hacer experiencias porque, por la falta de transmisión de valores, piensan que no se sabe nada de esta vida y que todo aún se debe descubrir e “inventar”.

Por eso, se debe tratar de verdaderos cursos, y no sólo de unas charlas o talleres. Es un modo de insistir que estos elementos de pastoral familiar no pueden ser nunca de mera información deben consistir en un auténtico plan de formación de personas. Por eso requiere un tiempo de duración y que se lleve a cabo un seguimiento.

Los padres son los primeros responsables para llevar a cabo esta educación de la sexualidad. Han de saber ofrecer a sus hijos, en un marco de confianza, las explicaciones adecuadas a su edad para que adquieran el conocimiento y respeto de la propia sexualidad en un camino de personalización. Más vale una explicación que una prohibición. Para ello, es importante contar con personas y materiales que proporcionen una ayuda eficaz a los padres en esta tarea. Al mismo tiempo es fundamental contar con los propios jóvenes, con su realidad, con sus aficiones  con su ocio, con su tiempo de estudio.

Tanto en las parroquias como en los colegios la educación afectivo-sexual de los hijos será uno de los contenidos necesarios en toda escuela de padres. Es una tarea de tal importancia que los  padres no pueden hacer dejación de la misma para que sean otros los que la realicen. Es más, les corresponde velar por la educación sexual que reciban sus hijos en otras instancias.
Aunque el momento adecuado es el de la preadolescencia, pues en este momento reciben tal cantidad de información sexual que es necesario enseñarlas a digerirla, debe estar precedida de una formación familiar en la infancia y continuada por otra familiar y en grupo en la adolescencia.

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El inicio de la actividad sexual en los jóvenes chilenos es a los 12 años para los  hombres y 14 años para las mujeres. Los estudios han demostrado que existe una tendencia a iniciar cada vez más temprano la actividad sexual. Estudios efectuados en Chile entre los años 1992 y 1995, mostraron que más de un tercio de los jóvenes inicia su actividad sexual antes del matrimonio y que la edad de inicio de la actividad sexual, entendida ésta como la primera relación sexual, era en promedio, entre los 14,4 y 16 años en los hombres y entre los 14,8 y 17,9 años en las mujeres1-5. Trabajos más recientes indican un inicio más precoz de la actividad sexual siendo de 12 años para los hombres y 12,8 años para las mujeres6.

La información existente en los adolescentes de enseñanza media acerca del uso de métodos anticonceptivos, muestra que 90% de los jóvenes conoce los diferentes métodos existentes para prevención de embarazo7. Sin embargo, su uso a esta edad es entre 27 y 45%, siendo mayor en las mujeres que en los hombres2,5,6,8.

Además, existe información de que en nuestro país, durante 1999, 20,8% del total de nacidos vivos era de madres menores de 20 años9. Anualmente, en Chile, más de 50 mil adolescentes se convierten en madres. Estos datos no consideran los abortos ilegales, ni los embarazos que se inician a los 19 y terminan a los 20 años10,11.

Los datos expuestos anteriormente nos revelan la importancia de aplicar programas de educación integrales, que además de considerar la fisiología reproductiva,  integren aportes para el desarrollo de la afectividad y la autoestima de los jóvenes y les enseñen técnicas que les permitan hacer frente a las presiones que sufren por  parte de la sociedad en el ámbito sexual.

Los primeros programas de prevención de embarazo adolescente surgieron en la década 1970-79 y se basaron en aumentar el conocimiento de los jóvenes acerca de las relaciones sexuales y de los riesgos y consecuencias del embarazo adolescente. La segunda generación de programas incluía la misma información, pero le daba mayor énfasis a la aclaración de valores y al desarrollo de técnicas de comunicación y toma de decisiones. La evaluación de todos los programas mencionados  anteriormente no logró demostrar una disminución de la incidencia de conductas de riesgo sexual en adolescentes.

En respuesta a estos resultados, surgió una tercera generación de programas, que promovían la abstinencia sexual y excluían de sus currículos toda información    acerca de los métodos contraceptivos.

Estos programas tampoco mostraron ser efectivos en la prevención de embarazo en adolescentes.

Finalmente, surgieron los programas de cuarta generación, que son una sumatoria de todos los anteriores. Enfatizan la prevención de enfermedades de transmisión sexual, incluida la inmunodeficiencia humana adquirida (VIH), combinando un  fuerte mensaje pro abstinencia, con un entrenamiento en técnicas de comunicación y negociación. Al mismo tiempo, enseñan sexualidad y contracepción12.

Conscientes de que los padres son los primeros y principales educadores de sus hijos y que, en este campo, tienen una competencia fundamental, hemos implementado un programa de sexualidad orientado a ayudar en esta misión educativa.

El programa TeenSTAR se inició en Estados Unidos de Norteamérica en 1980, como un programa de educación en la sexualidad humana basado en el reconocimiento de la fertilidad cíclica, en el caso de las mujeres, y constante en el caso de los hombres, y en el descubrimiento de los valores inherentes a la posesión de esta sexualidad y fertilidad, que derivan en normas de comportamiento basadas en el entendimiento y
respeto de ellas. Actualmente el programa se aplica en aproximadamente 35 países.

El presente estudio tuvo por objetivo evaluar el efecto del programa de sexualidad holístico TeenSTAR en la actividad sexual de adolescentes, aplicado durante un año académico, a jóvenes chilenos entre 12 y 18 años. Entendemos por actividad sexual a las relaciones sexuales coitales entre un hombre y una mujer. Se evaluaron específicamente tres aspectos principales: a) tasa de actividad sexual; b) tasa de  discontinuación de actividad sexual y c) número de razones para mantener la abstinencia sexual.

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a) Capacitación de profesores y aplicación del programa a jóvenes. El estudio abarcó a 934 estudiantes de enseñanza básica y media de 10 establecimientos educacionales de Chile. Para cuidar la diversidad, se escogieron en forma equivalente, colegios de diferente nivel socioeconómico y localización (Santiago y regiones), laicos y  religiosos, de hombres, mujeres y mixtos. Participaron  adolescentes, padres y educadores.

El programa TeenSTAR es un programa interactivo de educación holística en sexualidad humana, que se basa en la dignidad de la persona y en el uso de la libertad personal para la toma de decisiones. Permite integrar la capacidad biológica de ser padre o madre en todos los aspectos de la vida: social, emocional, intelectual, espiritual y físico. El programa pretende llevar al joven a efectuar sus propios descubrimientos, obtener conclusiones y tomar decisiones propias respecto de su comportamiento sexual. Ayudar a los jóvenes a vivir la experiencia de recibir y entender el mensaje que les envía su cuerpo respecto de su fertilidad y de su  capacidad recién adquirida de procrear, da al joven un aprendizaje no sólo  intelectual, sino que le permite tomar una decisión libre frente a la expresión de su comportamiento sexual.

Dentro de los objetivos del programa Teen– STAR está el fortalecimiento de las siguientes áreas:

a. Fortalecer la identidad propia y mejorar la autoestima. Los jóvenes necesitan saber quiénes son. Se les invita a tomar conciencia que son personas libres, pero limitadas.

b. Valorar su libertad y su capacidad de decisión. Se informa a los jóvenes acerca de su libertad y responsabilidad respecto de sus opciones.

c. Desarrollar en los jóvenes el respeto por el don de la vida. La vida humana es un don recibido para ser, a su vez, donado. Sólo aquellos jóvenes que valoren su propia vida podrán entregarla como un don a otras personas.
Si el joven se desprecia a sí mismo, despreciará la vida y no verá en su posible entrega un valiosísimo don.

La metodología empleada en el estudio comprende la capacitación de profesores, en un seminario- taller de 40 horas cronológicas. La población del estudio abarcó a alumnos de enseñanza básica y media, entre 12 y 18 años. Los jóvenes se dividieron en Jóvenes Programa, correspondiente a los jóvenes con los cuales se trabajó el  programa de educación sexual TeenSTAR, y Jóvenes Control.

El trabajo con los jóvenes del Programa TeenSTAR abarcó un año académico, se consideró un currículo diferenciado según edad y sexo, aplicándose un currículo para cada nivel de edad. Como parte del programa, el monitor efectuó por lo menos una entrevista personal con cada alumno. El programa se desarrolló con el consentimiento conjunto de padres y adolescentes. Sólo 2% de los alumnos a los que fue ofrecida esta posibilidad de formación decidió no asistir y, por lo tanto, no se incluyeron en el estudio.

El programa se aplicó de forma aleatoria, prospectiva y como un ensayo controlado que comparó una intervención basada en la abstinencia sexual con la educación normalmente impartida por los colegios.

El estudio fue aprobado por el consejo de dirección de todos los establecimientos educacionales participantes y por el comité de ética de la Facultad de Ciencias  Biológicas de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

Se incluyó en el estudio a todos los alumnos que desearon participar y que tenían el consentimiento de sus padres. Se excluyeron, previamente al inicio del estudio, a todos los jóvenes menores de 12 y mayores de 18 años (ambos extremos de la curva de distribución normal) y, para el análisis de resultados, a todos los estudiantes cuyos pre y post test no fueran concordantes en algún dato, como fecha de nacimiento, y por la presencia de datos poco confiables, es decir, cuestionarios sin
correlación entre la fecha de nacimiento y el código de identificación, omisión de preguntas o no correlación sobre respuestas a preguntas doblemente realizadas en el cuestionario. Para determinadas variables, se consideró como criterio de exclusión la no respuesta o falta de concordancia en las respuestas de alguna pregunta  específica.

Participaron un total de 934 adolescentes, los que se dividieron en Jóvenes  Programa y Jóvenes Control en forma aleatoria. El grupo control (342 alumnos)  recibió la educación normalmente impartida por el colegio al que asistía y el grupo   programa (398 alumnos) recibió 12 sesiones de una hora y media cada una, separadas por 15 días, impartidas por un profesor capacitado en TeenSTAR.

Entre las limitaciones que tiene un estudio de estas características, está el que el programa se aplicó en colegios diferentes, cuyos programas educacionales pueden ser disímiles y pueden funcionar de formas distintas y a que las características propias de cada  monitor pueden influir en los resultados, aunque todos hayan sido formados en el mismo taller. Con respecto a la evaluación, los alumnos podían omitir responder las  preguntas que quisieran. Esto, sumado a la falta de concordancia de algunas  respuestas entre el pre y el post test, llevó aque prefiriéramos dejar fuera del estudio a estos estudiantes (para evitar el sesgo) y explica que, para ciertos análisis, como la  tasa de transición de actividad sexual, el número de estudiantes evaluados sea  menor al tamaño muestral inicial. Además, hay que considerar que un año de  observación de la muestra es insuficiente para establecer pronósticos a largo plazo  en esta materia.

b) Evaluación. La evaluación de los logros del programa se realizó a través de un  cuestionario anónimo, cerrado, que fue contestado por los jóvenes programa y  control, en tiempos paralelos, durante la sesión inicial y final del programa. El cuestionario consistió en 135 preguntas que abarcaban diferentes tópicos, en los   cuales se incluía la ocurrencia de actividad sexual. A final de año, se correlacionaron las respuestas de los cuestionarios de inicio y término, tanto en el grupo control  como programa. Del total de 934 adolescentes que participaron en el estudio, se  consideraron como válidos 79,2% de los cuestionarios. Se excluyó a 11,5% por  ausentismo al tomar el cuestionario inicial o final y 9,3% se excluyó por omisión de variables fundamentales para el análisis computarizado, como fecha de nacimiento,  y por la presencia de datos poco confiables, es decir, cuestionarios sin correlación  entre la fecha de nacimiento y el código de identificación, omisión de preguntas o falta de correlación sobre respuestas a preguntas doblemente realizadas en el  cuestionario. La tasa de exclusión del estudio por estas causas no tuvo diferencias  entre los grupos programa y control.

Para el análisis estadístico de los resultados, se utilizó la prueba de t de Student para  determinar la existencia de diferencias significativas entre ambos grupos. El  cuestionario utilizado fue confeccionado y validado por el doctor Stan Weed en el  «Institute of Research and Evaluation», en Salt Lake City, Estados Unidos13-16. Se  utilizaron dos pruebas estadísticas de homogeneidad para confirmar que la tasa de  respuestas obtenidas en el grupo programa, con la tasa de respuestas obtenidas en el grupo control son homogéneas (test de homogeneidad p >0,05).