Algunos viven en un mundo imaginario y suponen que todo es ideal, que estamos en el paraiso; otros siguen la “Ley del Gusto” y desconocen el heroísmo, y combinan esta ley con la susceptibilidad: ellos pueden ofender, pero, ¡eso sí, que nadie los corrija porque hacen un drama! Deben de enfrentarse con la realidad y ver que al mundo hay que conocerlo como es y no inventarlo. La mayoría de los adolescentes desean desesperadamente normas  y dirección. Probablemente no lo reconozcan pero en el fondo desean que alguien les diga “No más allá”, o “hasta aquí”. Pero casi nadie se los dice, entonces ellos se hacen la medida de las cosas.