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“Cuando comprendimos que estábamos hecho el uno para el otro, nos declaramos lo que ardía en nuestro corazón: amarnos para siempre. Sin embargo, teníamos muchos interrogantes. ¿Por qué se separan tantos matrimonios? ¿Cómo
podíamos saber si un día no nos ocurriría también a nosotros? En la preparación al matrimonio nos dimos cuenta de la grandeza del sacramento del matrimonio y de cómo el amor conyugal es un reflejo del amor trinitario. Aunque nuestro amor parezca el más bello y el más fuerte de todos, nos damos cuenta de que todo amor, para durar, debe beber en esta fuente divina.

Nos hemos casado como respuesta a la vocación que Dios nos había mostrado. Desde el principio nos había parecido importante no encerrarnos en nosotros mismos, sino procurar permanecer abiertos a los demás. Esta apertura al mundo no quita nada a nuestro amor; al contrario, nos hace ser más delicados el uno con el otro. A pesar de ser jóvenes e inexpertos, Santo Padre, hemos experimentado la gran verdad contenida en su Encíclica Deus caritas est, en la que nos dice que un amor fundado sobre la fe e impregnado de fe, enriquece el eros con el ágape y lo hace cada vez más semejante al amor divino”.

Testimonio de José Manuel Torralba y Myriam García (España), El amor es para siempre, en el V Encuentro Mundial de las Familias, Valencia 2006.

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“Santo Padre, hace ocho años hemos atravesado una prueba muy fuerte: la pérdida de nuestra única hija de 18 años, María Teresa. Pero Dios se ha ocupado de nosotros y ha hecho que nuestra fe y nuestra esperanza no se debilitaran; más aún, se hicieran más fuertes.

Después de un discernimiento realizado a la luz de la Palabra de Dios y acompañados por la oración de tantos amigos en el Señor, ha florecido en nosotros el deseo de dar una familia a  muchachos que la hubieran perdido.

Robustecidos con la fuerza del sacramento del matrimonio, nuestra paternidad y nuestra maternidad han sido todavía fecundas, acogiendo  como hijos a cuatro hermanos rumanos, ya mayorcitos, huérfanos de padre y madre.

Así, de este don ha nacido una nueva gran familia. Con confianza y total abandono nos acogemos a la Santa familia de Nazaret”.

Testimonio de Ina y Salvatore Sammartino [Italia], La grandeza de la adopción, en el V Encuentro Mundial de las Familias, Valencia 2006.