DESCARGAR pdf: Llamados al amor – Archimadrid

Recordamos especialmente a nuestra familia y a las familias que conocemos.

Damos gracias a Dios por los bienes que vivimos en la familia, y por los que nos  tiene prometidos.

Pedimos la luz del Espíritu Santo para reconocer las tendencias egoístas que tenemos que purificar, y la fuerza y generosidad necesarias para hacerlo.

Hacemos nuestra la oración que escribió Juan Pablo II al terminar su  Exhortación Apostólica Familiaris consortio:

“Aquella [Sagrada] Familia, única en el mundo, no dejará de ayudar a las familias cristianas, más aún, a todas las familias del mundo, para que sean fieles a sus deberes cotidianos, para que sepan soportar las ansias y tribulaciones de la vida, abriéndose generosamente a las necesidades de los demás y cumpliendo gozosamente los planes de Dios sobre ellas. Que San José, hombre justo, trabajador incansable, custodio fidelísimo de los tesoros a él confiados, las guarde, proteja e ilumine siempre. Que la Virgen María, como es  Madre de la Iglesia, sea también Madre de la Iglesia doméstica, y, gracias a su  ayuda materna, cada familia cristiana pueda llegar a ser verdaderamente una ‘pequeña Iglesia’, en la que se refleje y reviva el misterio de la Iglesia de Cristo. Sea ella, Esclava del Señor, ejemplo de acogida humilde y generosa de la voluntad de Dios; sea ella, Madre Dolorosa a los pies de la Cruz, la que alivie los sufrimientos y enjugue las lágrimas de cuantos sufren por las dificultades de sus familias. Que Cristo Señor, Rey del universo, Rey de las familias, esté presente como en Caná, en cada hogar cristiano  para dar luz, alegría, serenidad y fortaleza”.