1.- La adquisición por parte del estudiante de una formación avanzada, de carácter especializado y multidisciplinar, orientada a la especialización profesional en educación de la sexualidad.

2.- Poseer y comprender conocimientos que aporten una base u oportunidad de ser originales en el contexto de la oferta educativa y asistencial en el área de educación de la sexualidad.

3.- Conformar una base profesional y especializada en educación de la sexualidad que fundamente en el ámbito educativo, social y sanitario la cultura de la vida desde una genuina perspectiva de familia.

4.- Que los estudiantes sepan aplicar los conocimientos adquiridos y su capacidad de resolución de problemas en entornos nuevos o poco conocidos dentro de contextos más amplios (o multidisciplinares) relacionados con su área de estudio, tales como programas de educación alternativos, educación de adultos, codesarrollo, ayuda al desarrollo o relaciones internacionales.

5.- Que los estudiantes sean capaces de integrar conocimientos y profundizar en su área de especialización para ofertar su capacitación a través de vehículos de comunicación novedosos.

6.- Que los estudiantes sepan comunicar sus conclusiones -y los conocimientos y razones últimas que las sustentan- a públicos variados y a colegas y gestores de centros educativos y centros sanitarios o socio-sanitarios.

7.- Que los estudiantes posean las habilidades de aprendizaje que les permitan continuar estudiando y profundizando en las enseñanzas recibidas.

‘EDUCAR LA SEXUALIDAD PARA EL AMOR’

E. Martínez

Los contenidos del programa están inspirados en la doctrina de la Iglesia Católica en materia de sexualidad, por lo que contemplan la sexualidad desde una óptica “muy humanista, poniendo en el centro la dignidad de la persona, y sin restar un ápice de rigor científico”, ha afirmado Juan Andrés Taléns. En definitiva, “tratamos de ofrecer algo muy positivo, convencidos de que realmente sirve al bien de la persona”, ha agregado.

En este sentido, el programa “no presenta la formación sexual como algo meramente higiénico o destinado únicamente a evitar enfermedades venéreas”. Tampoco contempla la sexualidad como “una dimensión de la persona de la que se puede separar su parte fisiológica de su parte afectiva sin que ello suponga un perjuicio para la propia persona”.  Antes bien, plantea la sexualidad desde una concepción “integral” de la persona, en la que “las dimensiones física, psíquica y espiritual van unidas”. En correspondencia, la sexualidad también “ha de estar integrada para promover el bien de la persona”.

‘EDUCAR LA SEXUALIDAD PARA EL AMOR’

E. Martínez
El director del máster de Ciencias del Matrimonio y la Familia del Pontificio Instituto Juan Pablo II, Juan Andrés Taléns, ha justificado el ofrecimiento de la guía para colegios en el hecho de que “la educación sexual que se imparte en los centros no ha conseguido frenar en nuestra sociedad el número de embarazos no deseados, abortos, enfermedades de transmisión sexual y demás problemas derivados de una concepción de la sexualidad inadecuada”.

También ha aconsejado que los profesores que vayan a impartir el programa ‘Educar la sexualidad para el amor’ se formen en este tipo de conocimientos para poder “optimizar la enseñanza” a sus alumnos. Asimismo, ha alentado a los docentes a que afronten la educación de la sexualidad como una “educación para la vida”, así como “una parte importante de la educación reglada que también debe impartirse en la escuela”.

De hecho, “creemos que, dadas las circunstancias de nuestra cultura, de la generalización de otro tipo de programas de educación afectivo-sexual que se están impartiendo en colegios y de los contenidos que llegan a los niños, no es suficiente con impartir unos mínimos consejos preventivos en la escuela o insistir a los padres que transmitan esos contenidos a sus hijos en casa”.

En la elaboración del programa han particicipado una veintena de profesores del Pontificio Instituto Juan Pablo II, fundado por el papa Juan Pablo II en 1981 en Roma y cuya sección española fue erigida con sede en Valencia en 1994 por el entonces arzobispo, el cardenal Agustín García-Gasco. Entre otros cursos, estudios y actividades, la delegación del Instituto en Valencia ha realizado desde entonces numerosos cursos y publicaciones sobre educación afectivo-sexual.