‘EDUCAR LA SEXUALIDAD PARA EL AMOR’

E. Martínez

Los contenidos del programa están inspirados en la doctrina de la Iglesia Católica en materia de sexualidad, por lo que contemplan la sexualidad desde una óptica “muy humanista, poniendo en el centro la dignidad de la persona, y sin restar un ápice de rigor científico”, ha afirmado Juan Andrés Taléns. En definitiva, “tratamos de ofrecer algo muy positivo, convencidos de que realmente sirve al bien de la persona”, ha agregado.

En este sentido, el programa “no presenta la formación sexual como algo meramente higiénico o destinado únicamente a evitar enfermedades venéreas”. Tampoco contempla la sexualidad como “una dimensión de la persona de la que se puede separar su parte fisiológica de su parte afectiva sin que ello suponga un perjuicio para la propia persona”.  Antes bien, plantea la sexualidad desde una concepción “integral” de la persona, en la que “las dimensiones física, psíquica y espiritual van unidas”. En correspondencia, la sexualidad también “ha de estar integrada para promover el bien de la persona”.

‘EDUCAR LA SEXUALIDAD PARA EL AMOR’

E. Martínez
El director del máster de Ciencias del Matrimonio y la Familia del Pontificio Instituto Juan Pablo II, Juan Andrés Taléns, ha justificado el ofrecimiento de la guía para colegios en el hecho de que “la educación sexual que se imparte en los centros no ha conseguido frenar en nuestra sociedad el número de embarazos no deseados, abortos, enfermedades de transmisión sexual y demás problemas derivados de una concepción de la sexualidad inadecuada”.

También ha aconsejado que los profesores que vayan a impartir el programa ‘Educar la sexualidad para el amor’ se formen en este tipo de conocimientos para poder “optimizar la enseñanza” a sus alumnos. Asimismo, ha alentado a los docentes a que afronten la educación de la sexualidad como una “educación para la vida”, así como “una parte importante de la educación reglada que también debe impartirse en la escuela”.

De hecho, “creemos que, dadas las circunstancias de nuestra cultura, de la generalización de otro tipo de programas de educación afectivo-sexual que se están impartiendo en colegios y de los contenidos que llegan a los niños, no es suficiente con impartir unos mínimos consejos preventivos en la escuela o insistir a los padres que transmitan esos contenidos a sus hijos en casa”.

En la elaboración del programa han particicipado una veintena de profesores del Pontificio Instituto Juan Pablo II, fundado por el papa Juan Pablo II en 1981 en Roma y cuya sección española fue erigida con sede en Valencia en 1994 por el entonces arzobispo, el cardenal Agustín García-Gasco. Entre otros cursos, estudios y actividades, la delegación del Instituto en Valencia ha realizado desde entonces numerosos cursos y publicaciones sobre educación afectivo-sexual.

DESCARGAR PDF: El programa Teen Star para la educación afectivo-sexual

Esta pedagogía del amor tiene lugar de muchos modos. El lugar primero donde se aprende a amar es, por vocación, la familia misma. Allí es donde se aprenden las primeras lecciones de generosidad, de escucha, de paciencia, de  sufrimiento, de atención presurosa por el otro. No es casualidad que la crisis de la afectividad esté estrechamente vinculada a la crisis de la institución familiar. Después, el círculo de amistades, los diversos elementos del tejido social, el ámbito donde las familias se encuentra con otras familias, deberían contribuir a este proceso.

De especial importancia es la ayuda que deben recibir los padres, como primeros educadores, de los colegios, así como la necesidad de una pastoral parroquial familiar donde la educación de la afectividad y sexualidad debe estar presente.

La familia es una institución natural en la que se nace, crece y se muere como persona. Es natural, no es sólo una   institución social o una creación social, si lo fuera ya habría sido sustituida dependiendo de muchos factores, fundamentalmente de índole política. Es la institución que hace posible al hombre desde el nacimiento o mejor desde el momento de la concepción, el disfrute o el ejercicio de algunos derechos esenciales.

De la misma manera que los animales necesitan un hábitat adecuado para desarrollarse plenamente, que variará dependiendo de la especie, el hombre para desarrollar plenamente sus capacidades necesita de la familia, la cual es su hábitat natural.

Por lo tanto es en el seno de la familia donde realmente crecemos como personas para el amor, donde tenemos la primera experiencia de amor y donde realmente se nos puede enseñar a amar, la familia es la verdadera escuela para la educación en el amor y los maestros son los padres, los cónyuges. Después del amor filial, el amor que descubrimos es el que se tienen nuestros padres y esta vivencia será fundamental para el amor conyugal futuro.