Obispo Auxiliar Dr. Andreas Laun, OSFS (Austria)

¿Cómo entiende la gente la sexualidad? El espíritu de nuestro tiempo contesta, como ‘la autodeterminación sexual’. Quizá precede la respuesta personal ‘la orientación sexual’, siendo el criterio más importante obtener placer. La gente se comporta como si hubiera, por lo menos a nivel emocional, una persona estándar sin sexo, que, por así decirlo, se pone ropa masculina o femenina y así puede escoger el ‘papel’ que le conviene.

Por otro lado, la respuesta de la Iglesia propone que fue el propósito de Dios crear el Hombre como hombre y mujer. Así ha imprimido su plan en la estructura cuerpo-alma de este ser humano masculino y femenino: el hombre y la mujer deben ser ‘una sola carne’ y dar la vida a los niños.

¿Pero cómo explicar hoy a los jóvenes y los ‘no tan jóvenes’ que el ‘amor’ sexual fuera del plan de Dios no solo es pecado sino que además no puede tener éxito? Enseñando en que condiciones se logra la unión y en que condiciones no puede lograrse.

‘De alguna manera es malo, y entonces prohibido, apenas permitido en el matrimonio, pero aún en él debe hacerse lo menos posible y sin pasión’.  Realmente había gente que hablaba de esta manera sobre la maravilla del amor físico, pero estas voces no son auténticamente cristianas. El planteamiento correcto es distinto:

El Hombre consta de cuerpo y alma, esta destinado para el amor y el anhelo de la unión es parte integro del amor.

La característica especial del amor en el matrimonio es que también busca la unión de la carne. En este punto descubrimos una de las maravillas de la creación: el cuerpo humano también tiene la misteriosa capacidad inherente de, por así decirlo, compartir procesos mentales específicos y ejecutarlos en simpatía:

  • Los pensamientos salen de la mente, pero dependen de los procesos del cerebro.
  • Las emociones salen del corazón pero existen hormonas que las hacen posibles.
  • Solamente la persona puede reírse, pero el cuerpo se ríe en simpatía a través de las contracciones de los músculos.

Es así también en la unión sexual:

En el abrazo marital el cuerpo despierta al amor y crece más allá de si mismo; se hace amor hecho carne, sin dejar por eso de ser amor espiritual.

¿En qué condiciones nace esta unión de amor en la carne tan especial?  ¿Cuando  deja el hombre de ser un extraño o un ladrón dentro de la mujer para sentirse cómodo en el lugar que le corresponde? Solamente un soñador romántico puede creer que toda y cada excitación sexual, sea lo que sea, pueda llenarse de amor. Al contrario, es posible pensar lo opuesto, o sea, que cualquier mención de amor o unión son palabras  vacías o una charla de adolescentes y que, en realidad, solo tiene que ver con la naturaleza animal del Hombre, una cuestión de satisfacer y calmar un instinto.

Sin embargo, a la luz de la tradición  bíblica la unión del hombre y la mujer en el amor fértil es una capacidad humana maravillosa (frente a todo pesimismo) pero se logra solamente en ciertas condiciones (en comparación con el romanticismo irrealista).

Igual que en muchas acciones importantes – en el deporte, en la ciencia, en las artes y en la cocina – el éxito de la unión de la carne también requiere ‘condiciones ideales’, las cuales dependen de la responsabilidad humana.

Las condiciones para el amor sexual rodean la maravilla de la unión como un protector círculo de estrellas. De estas condiciones tres se refieren al cuerpo y cuatro al libre albedrío y los corazones de los amantes.

1. El hombre y la mujer

La unión en la carne solamente es posible entre un hombre y una mujer, no entre hombres, no entre mujeres, no entre un adulto y un niño, para no hablar de animales. Cada niño que ha comprendido los principios de su juego de construcción Lego sabe que un hombre y una mujer encajan perfectamente, pero que dos hombres no.

Los homosexuales pueden sentir la atracción del amor, pero su imitación imposibilitada de ‘unión’ no les facilita ser realmente una sola carne. No es que no deben hacerlo; es que no pueden hacerlo.

2. El amor en libertad

El amor y su inicio encantado al momento de enamorarse es un milagro. Nadie puede imponerlo. Es razonable casarse solamente cuando dos personas deciden hacerlo libremente basándose en su amor mutuo, y no por una dote, una carrera profesional u otro motivo ‘razonable’. La primacía del amor no excluye una reflexión racional sobre el futuro; al contrario, la requiere.

El amor necesita de la libertad. La unión en el amor es imposible bajo las condiciones violentas de la violación. Lo mismo ocurre, aunque más débilmente, con la violencia ‘oculta’ de la seducción, la cual también es contraria al amor. La seducción tampoco lleva a la unión.

3. La Unión en la Seguridad de la Libertad Garantizada – el voto matrimonial

Decir que ‘El amor solamente crece en la libertad’ es decir también que el amor necesita de esa libertad que tiene su plenitud en la decisión ‘… hasta que la muerte nos separe’  El acto de hacerse uno físicamente en el amor solo es posible si esta ‘garantizado’  – por el libre consentimiento de la voluntad, exactamente de igual forma  en que la divisa de un país se garantiza por sus reservas de oro.

Puede parecer que la unión del ‘amor libre’ empieza con más pasión que muchos matrimonios aburridos que han vuelto triviales y corrientes, pero este defecto no puede compararse con el otro defecto mucho más serio que es la negación del consentimiento implícita en el mero hecho de vivir juntos fuera del matrimonio. Las personas deben vivir juntas sexualmente solo cuando han tomado una decisión, pero no cuando todavía tienen que tomarla. Esta decisión se llama ‘Casarse’. La negación del consentimiento es la negación de la unión y la mutilación del amor. La aparente unión en una sola carne esta negada por la advertencia del alma : ‘quizás’ o ‘todavía no’.
Dice Juan Pablo II, ‘en consecuencia, la sexualidad, mediante la cual el hombre y la mujer se dan uno a otro con los actos propios y exclusivos de los esposos, no es algo puramente biológico, sino que afecta al núcleo íntimo de la persona humana en cuanto tal. Ella se realiza de modo verdaderamente humano, solamente cuando es parte integral del amor con el que el hombre y la mujer se comprometen totalmente entre sí hasta la muerte. La donación física total sería un engaño si no fuese signo y fruto de una donación en la que está presente toda la persona, incluso en su dimensión temporal.’1
Esta pureza requerida antes del matrimonio no es contraria al amor, sino que está estrechamente vinculada al mismo. ‘Sin amor, la pureza es infecunda, y sus aguas estériles convierten las almas en un lodazal, en una charca maloliente, de donde salen vaharadas de soberbia’.2
¡Que verdad!

4. La Unión, no ‘Practicas Sexuales’

La unión, entendida como la expresión sublime del afecto, se logra únicamente por la unión, por la penetración del pene del hombre en la vagina de la mujer. De esta manera, y solo de esta, pueden hacerse una sola carne. El plan de Dios revelado en sus cuerpos les enseña el camino.

Seguir simplemente las ‘preferencias sexuales’ de uno o otra puede aportar placer, pero no tiene nada que ver con la unión. No todo orgasmo puede avivarse con amor, solamente el que es a la vez la unión de los cuerpos.

5. Apertura a la Vida

El amor que en este acto adopta la forma de la carne es un amor fértil. No tolera la manipulación. Quien a través de cualquier forma de manipulación impide o elimine la fertilidad de este acto de hacerse uno solo, mutila también al amor. Los esposos pueden amarse con verdadera devoción, pero inhibir la concepción de los hijos impide a la vez, por lo menos hasta cierto punto, el crecimiento del amor.

La Iglesia, por lo tanto, rechaza la anticoncepción: esta dirigida en contra de los niños y del amor. Este hecho  es la razón del rechazo de la Iglesia; no es arbitrario.

6. La Devoción del Amor

Entre el amor, la procreación y satisfacer el deseo carnal, el amor siempre ocupa el primer lugar el la jerarquía de los motivos. Los creyentes deben ser ‘devotos’ y de igual modo el acto matrimonial requiere la ‘devoción’ del amor conyugal, su ‘absorción especial’ y ‘emoción’, como lo describe Juan Pablo II.3

Las relaciones sexuales inconscientes, las relaciones sexuales desconsideradas, ‘solamente’ para lograr el placer o ‘solamente’ para tener un hijo son pecado, incluso dentro del matrimonio.4

7. En Presencia de Dios

El matrimonio es santo – es santo ‘de todas las maneras, su propósito, su uso, su forma y su sustancia son santos,’ dice Francis de Sales.5  Juan Pablo II expresa el mismo pensamiento con más claridad: Los esposos pueden hacerse ‘una sola carne’, de la cual habla la Biblia, ‘únicamente con la ayuda de las fuerzas que surgen del espíritu, de hecho del Espíritu Santo, las cuales refinan, animan, fortalecen y perfeccionan el espíritu humano.’ En este sentido, también es verdad que ‘El Espíritu es el que da vida, la carne de nada sirve.’6

La fuerza de esta declaración nos corta la respiración, aunque desde el punto de vista católico es obvia. En palabras de un viejo principio católico, “La Gracia no destruye el mundo ya creado, sino que lo cura y lo completa.” También se aplica al matrimonio. Jesús, el ‘Salvador’ o    ‘Sanador’, también sanea y santifica el amor marital.

Igual que en la historia conmovedora de Tobías y Sara, antes de dormir juntos los esposos rezan juntos, y así el rostro de Dios brillará sobre los días y las noches de la vida marital. Es en esta luz donde el ‘amor verdadero’ crece y se mantiene inmune al peligro de la ‘mera lujuria’, la cual degrada a la otra persona  a un objeto. Los Rabinos, en la tradición hasídica, dicen que ‘El mejor día para el abrazo marital es el sabat: así el amor se ennoblece por el esplendor divino del sabat.”8  Pero cuando quiera que ocurra, si se hace según el plan divino y en presencia de Dios, es un acto santo. De esto tanto los judíos como los cristianos están convencidos.

1. Juan Pablo II, Familiaris Consortio 11
2. Jose Maria Escrivá de Balaguer,El Camino 120
3  Juan Pablo II, Salvación 341
4. Juan Pablo II, Amor 282
5, Francisco de Sales, Philothea, 3,38
6. Juan Pablo II, Salvación 344: Juan, 6,63
7. Tobias 8,4
8. Cf. Dolna, B., An die Gegenwart Gottes presisgeben (Giving oneself up in the presence of God) Mainz, 2001, 61. Esto demuestra que los rabinos son ‘más católicos” que los que creen que los cónyuges realmente no deberían   unirse sexualmente en días  de fiesta.

Obispo Auxiliar Dr Andreas Laun, OSFS (Austria)
Curriculum Vitae
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Curriculum Vitae
Nacido el 13 de octubre del 1942 en Viena, se licenció en 1960 en el Borromaüm de Salzburgo. Allí comenzó sus estudios de filosofía  antes de entrar en el noviciado de los oblatos de San Francisco de Sales. Desde 1963 hasta 1966 continuó con sus estudios de teología en Eichstätt y fue ordenado cura en 1967. Desde 1966 hasta 1970 estudió teología y francés en Friburgo. Después de algún tiempo como educador y capellán, logró su doctorado en Friburgo y fue ayudante  en el departamento de Teología Moral de la Universidad de Viena en 1974. En 1981 fue habilitado en Teología Moral en Viena y ese mismo año le ofrecieron la cátedra de Teología Moral en Heiligenkreuz, que tiene hasta hoy. Además, entre 1982 y 1987, enseño en el Ateneo de los Salesianos en Benedicktbeuren (Bavaria) y dirigió el colegio de los Salesianos en Eichstätt.

De vuelta a Viena, continuó la enseñanza en Heiligenkreuz y publicó sobre cuestiones del momento referentes a la teología. Desde 1989 hasta 1995 trabajó en la parroquia de Kahlenbergerdorf y fue Obispo Auxiliar de Salzburgo en 1995. Como vicario del obispo es el responsable de la pastoral del matrimonio y de la familia en la archidiócesis de Salzburgo.