DESCARGAR PDF: El programa Teen Star para la educación afectivo-sexual

“Dios ha creado al hombre a su imagen y semejanza; llamándolo a la existencia por amor, lo ha llamado al mismo tiempo al amor”.

Dios crea y orienta al hombre hacia su meta final que es el amor y a la vez le da la capacidad y la responsabilidad de la comunión y del amor. El amor es la vocación fundamental (constituye a la persona) e innata (dentro de la persona) de todo ser humano.

Aunque la persona tiene distintas dimensiones, es una sola persona, es un cuerpo informado por un espíritu inmortal, por lo que la vocación al amor abarca tanto el cuerpo como el espíritu, es una vocación en totalidad.

“Ciertamente, el Eros quiere remontarnos en “éxtasis” hacia lo divino, llevarnos más allá de nosotros mismos, pero precisamente por eso necesita un camino de ascesis, renuncia, purificación y recuperación”

Esta totalidad, se corresponde con una fecundidad responsable. La verdad que comparten un hombre y una mujer es el “bien de una comunión” que se expande a otros, que se hace fecunda.

La elección consciente y libre con que el hombre y la mujer aceptan una comunidad íntima de vida, es decir el matrimonio, es la manera adecuada donde se puede hacer posible la donación entre ambos.

“Dios es amor y vive en sí mismo un misterio de comunión personal de amor”. Dios nos crea por amor y para que amemos, el mandamiento nuevo que nos trae Cristo es el que nos amemos unos a otros como Él nos ha amado, el amor corresponde a la persona, es como el zapato de nuestra talla para nuestro pie, es para lo que hemos sido creados, la manera que tenemos de llegar al Creador que a su vez es nuestro fin y es Amor. El amor es lo que nos realiza, lo que nos hace crecer. Lo que realmente nos dignifica como persona es amar y ser amado, y en la medida que tenemos capacidad de amar nos acercamos al creador, sin que olvidemos nunca que la capacidad de amar nos la da Otro que es el que nos sostiene en todo momento.

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La familia, imagen de Dios

Vamos a hablar de la familia.
De esposos, de padres e hijos;
de la convivencia, la comunicación, la educación…
De la felicidad que sentimos cuando sabemos que estamos unidos,
y de dificultades, problemas, luchas, logros y fracasos…
Pero lo primero de todo será hablar del amor.
Es el fundamento de la familia.
Sin el amor, no damos un paso.
No nos contentamos con intercambiar ideas y opiniones.
Eso nos ayudaría a saber más, pero saber no es suficiente.
Compartiremos criterios, valoraciones, sentimientos… la vida.
Compartiremos nuestra búsqueda.
Y la fe en Jesucristo,
que nos hace ver la vida con más claridad, y nos da fuerza para afrontarla.
Queremos vivir la familia, como Dios nos ha hecho capaces de vivirla.
Lo sabemos:
¡con Cristo es posible!