DESCARGAR PDF: El programa Teen Star para la educación afectivo-sexual
Los cursos de educación afectivo-sexual son elementos que incide directamente en el punto de la maduración de la persona. Su importancia actual se debe a la constatación de la dificultad objetiva de alcanzar esta maduración y del descubrimiento del valor personalizador de la sexualidad.

En nuestros días, la juventud vive en una cierta indeterminación ante la elección del tipo de vida. Algunos prefieren postergar los plazos definitivos y atrasar así el ingreso en la vida adulta o la asunción de compromisos  definitivos. Al no preguntarse sobre sus problemas de autonomía, no se sienten obligados a hacer elecciones fundamentales.

La diferencia principal respecto a la mayor parte de las generaciones precedentes (que hacían una elección precisa con una prioridad precisa) consiste en la propensión de vivir contemporáneamente diversos aspectos de la vida, aspectos a veces contradictorios, sin jerarquizar las propias necesidades y valores. Algunos jóvenes son hoy muy dependientes de la necesidad de hacer experiencias porque, por la falta de transmisión de valores, piensan que no se sabe nada de esta vida y que todo aún se debe descubrir e “inventar”.

Por eso, se debe tratar de verdaderos cursos, y no sólo de unas charlas o talleres. Es un modo de insistir que estos elementos de pastoral familiar no pueden ser nunca de mera información deben consistir en un auténtico plan de formación de personas. Por eso requiere un tiempo de duración y que se lleve a cabo un seguimiento.

Los padres son los primeros responsables para llevar a cabo esta educación de la sexualidad. Han de saber ofrecer a sus hijos, en un marco de confianza, las explicaciones adecuadas a su edad para que adquieran el conocimiento y respeto de la propia sexualidad en un camino de personalización. Más vale una explicación que una prohibición. Para ello, es importante contar con personas y materiales que proporcionen una ayuda eficaz a los padres en esta tarea. Al mismo tiempo es fundamental contar con los propios jóvenes, con su realidad, con sus aficiones  con su ocio, con su tiempo de estudio.

Tanto en las parroquias como en los colegios la educación afectivo-sexual de los hijos será uno de los contenidos necesarios en toda escuela de padres. Es una tarea de tal importancia que los  padres no pueden hacer dejación de la misma para que sean otros los que la realicen. Es más, les corresponde velar por la educación sexual que reciban sus hijos en otras instancias.
Aunque el momento adecuado es el de la preadolescencia, pues en este momento reciben tal cantidad de información sexual que es necesario enseñarlas a digerirla, debe estar precedida de una formación familiar en la infancia y continuada por otra familiar y en grupo en la adolescencia.

DESCARGAR pdf: La educación al amor de los adolescentes

Una de las mayores paradojas de nuestra sociedad occidental consiste en hacer crecer a los niños demasiado rápido, animándolos al mismo tiempo a permanecer adolescentes el mayor tiempo posible.

En efecto, la estimulación precoz, el ingreso en guarderías desde edades muy tempranas por la presión laboral y social, parecen pretender un rápido logro de autonomía. Desde pequeños se incita a los niños a tener comportamientos de adolescentes cuando aún no tienen las competencias psicológicas para asumirlos. De ese modo, desarrollan una precocidad que no es fuente de madurez, saltándose las tareas psicológicas propias de la infancia, lo que les puede perjudicar en su futura autonomía, como lo demuestra la multiplicación de los estados depresivos de muchos jóvenes. Además, la inestabilidad de la vida familiar priva al niño de la seguridad emocional requerida.

Por otro lado, este “acortamiento” de la infancia se acompaña por una adolescencia mucho más larga que, en no pocas ocasiones, resulta interminable5. El modelo cultural dominante, claramente adolescéntrico, favorece el consumo, el dócil seguimiento de los dictados y las tendencias de la moda, el vivir en el ideal de una libertad sin vínculos ni compromisos definitivos. El mensaje que se les transmite a los adolescentes es que la vida adulta es muy
compleja y que, por tanto, no han de tener prisa en la maduración. Dado que la esperanza de vida ha crecido considerablemente y uno de los frutos más valorados de la calidad de vida es la longevidad, ya tendrán tiempo de madurar. Ahora lo importante es disfrutar y aprovechar, que luego ya no podrán. La cultura narcisista hace de todo para que a los jóvenes no les falte nada, y además les induce a creer que tienen que satisfacer cada uno de sus deseos, confundiendo a menudo deseo con imperiosa necesidad. Al acortar la infancia y exaltar la adolescencia, la sociedad deja entrever que no quiere crecer y existir como adulto, de modo que es difícil liberarse de los modos de gratificación propios de la infancia, -que se trasladan ahora a la adolescencia-, para acceder a satisfacciones superiores.

En efecto, en una sociedad que, por diversas razones, cultiva el relativismo, la duda y el cinismo, el miedo y la impotencia, los jóvenes tienden a asirse a modalidades de  gratificaciones primarias y tienen dificultad en madurar. Todo esto los predispone a vivir en lo imaginario, en un mundo virtual, sin contacto con la realidad que no han aprendido a conocer y que además los defrauda y deprime. Tienen un acercamiento lúdico a la vida, con la necesidad de ir de juerga, sobre todo los fines de semana, de evadirse y huir ante la falta de sentido.