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Para el eminente sociólogo contemporáneo Z. Bauman7, vivimos en una sociedad líquida, que entroniza lo efímero, lo fugaz, lo etérero, lo episódico, lo cambiante y sin compromisos. Dentro de esta mentalidad se propone y presenta como paradigmático el denominado “amor líquido”. Este adjetivo, “líquido”, pone de manifiesto la fragilidad de los vínculos afectivos entre las personas. El amor líquido se caracteriza por aborrecer todo aquello que es sólido y duradero. El ambiente de hedonismo, con la absolutización de la experiencia del placer, de la satisfacción y gratificación inmediatas, fomenta la expansión de este amor débil, frágil, que licua y derrite toda otra comprensión del amor. El amor líquido se convierte con facilidad en el referente en el ámbito de la adolescencia.

Este proceso de licuefacción afecta de un modo directo a la relación amor-sexualidad. Podríamos decir que si el amor se licua en la forma de deseo, la sexualidad se licua en la forma de genitalidad, que favorece la suplantación del género por el sexo.

La reducción de la sexualidad a la dimensión biológico-genital trae como consecuencia, en el clima de refinado hedonismo, que lo sexual se relacione casi inmediatamente con lo que conlleve una excitación genital placentera, carente de todo significado personal. Con esta identificación reductiva, se desvanece el valor simbólico de la sexualidad y con ello su relación a una trascendencia, a los valores psicológicos ligados a la construcción de la intimidad humana y a las relaciones que llenan de contenidos personales la relación hombre-mujer. El hombre de hoy busca en el sexo la satisfacción del deseo y el placer que le produce.

La incentivación del deseo sexual que nunca es plenamente satisfecho, retroalimenta un crecimiento del mismo hasta el punto de dar lugar, en no pocos casos, a un proceso compulsivo que desemboca en una auténtica obsesión, una perturbación anímica producida por la idea fija del bienestar sexual. Esta obsesión se ha llegado a convertir en una verdadera “adicción al sexo” que se considera ya como una nueva patología en los círculos psiquiátricos
de Estados Unidos. El resultado de esta identificación es una progresiva despersonalización de la sexualidad, fruto de un dualismo antropológico y una creciente promiscuidad entre los adolescentes cuyos efectos se pretenden “controlar” a través de un uso masivo del preservativo, de la denominada “píldora del día después”, etc…

Por: María de los Ángeles Ruiz Vaca Díez, Directora Regional de PTC en La Paz, Bolivia
Artículo sobre la necesidad de los padres de mantener un diálogo continuo sobre sexualidad con sus hijos.

Francamente, los chicos suelen quejarse de que sus padres dedican tiempo de más al trabajo u otras actividades, y que el miedo o la vergüenza para hablar de sexo es de los adultos. Muchos padres tienen pánico de encarar este asunto con sus hijos, no saben cómo sacar el tema ni saben qué deberían o no decirles. En realidad, los chicos esperan que lo hagan de la manera más natural posible, ellos están ansiosos y desesperados por conocer y descubrir estos temas.Papás, déjenme decirles que si ustedes no se arman de valor para hablar con sus hijos respecto de todo (amistades, comunicación, salidas, noviazgos,enamoramiento, etc.) la Internet, la televisión o un amiguito lo hará, por ustedes.

En mi trabajo, en un taller que se llama “Cómo, cuándo y quéhablar de sexo con los hijos”, es realmente gracioso ver las expresiones de los padres antes de empezar la charla. Todos están muy serios, como si se tratara de tocar un tema con muchas espinas y de difícil manejo, y es aún mejor ver el cambio de expresión cuando descubren la simplicidad del asunto. La fórmula”mágica” es que, sencillamente, hay que hablar de sexualidad unida al amor, a la confianza, al respeto, a la complementación.

Resulta muy eficaz trabajar en Triángulo, es decir, con los padres, con los chicos y con los educadores. Así, rompemos la inevitable brecha generacional entre padres e hijos, y creamos un puente comunicacional en la familia. Muchos padres salen muy agradecidos por haber podido romper esa barrera que ya parecía una fortaleza impenetrable, y que quizá estaba puesta hacía mucho tiempo. En cuanto a la labor con los educadores, resulta fundamental, ya que se encargan de mantener la formación en el curso de manera sostenida, comparten muchas horas con los chicos y llegan a tener un conocimiento profundo sobre todo lo que ellos están atravesando.

Para poder actuar en este triángulo, desarrollamos los mismos temas por separado para cada uno de los tres grupos, con un enfoque específico según la función del grupo.

Los chicos buscarán descubrir por sí mismos cuál es su principal carencia, posteriormente les propondremos distintas soluciones y, luego, tendrán que asumir la tarea de “ponerse las pilas” para formar su carácter,en completa libertad de decidirse a realizar o no el esfuerzo correspondiente. Mientras, a los padres y educadores se les brindan herramientas adecuadas que ayuden y acompañen a sus hijos o alumnos a desarrollar su carácter. Se les muestra de manera clara la carencia que tienen los chicos y, después, ofrecemos los lineamientos de formación para que puedan, con empatía, ayudarlos como guías y apoyo.

La fuerza que tienen nuestros talleres de jóvenes para jóvenes es la coherencia, ese testimonio que muestra que estando en su mismo ambiente,en su mundo y en su época, se puede optar por otras alternativas, podemos ser libres de elegir lo que muchos no eligen, sin dejar de ser jóvenes, sin dejar nuestro ambiente, estando a la moda, con buena onda y divirtiéndonos como sólo los jóvenes lo hacemos.

Los chicos se sienten en un clima de confianza porque no somos ni sus padres ni sus profesores, entonces están con mejor predisposición a escucharnos y, automáticamente, se eliminó esa barrera generacional que muchas veces es el motivo por el que se bloquea la comunicación.

Sólo somos ese primer gran paso que luego da pie al papel de los padres y educadores, los cuales son muy importantes. Para poder obtener un impacto significativo en los chicos, necesitamos hacer un trabajo en conjunto ycontinuo, llegando lo antes posible para prevenir y evitar los conflictos, y llenar de sentido sus vidas.

Artículo publicado en la revista HACER FAMILIA, Argentina