“… ¿por qué ya casados algunos empiezan a tener problemas? ¿Qué pasa entre ellos? ¿Por qué se enfría el amor si antes no resistían estar el uno sin el otro?…”

Mientras viajamos de México a Argentina, el avión sobrevuela el desierto de Atacama. ¡Impresionante!  En medio de la arena, vemos una mancha verde -un pequeño valle que pronto desaparece-. ¿Por qué este parche fértil, en medio de semejante aridez? La clave parece estar en un cañón escarpado escondido entre grandes montañas. El agua que baja por el, hace posible que los habitantes de este paraje seco y polvoriento le arrebaten a esta tierra árida el color verde de los cultivos, hasta convertirlo en un pequeño “oasis”.

Este paisaje nos lleva a pensar en el divorcio. Muchas desaveniencias conducen al rompimiento matrimonial. Algunos se lo atribuyen a la mala comunicación, a las peleas frecuentes, o a no saber resolver los conflictos cotidianos. Pero creemos que estas son apenas algunas señales, no las causas del problema. Si se deja marchitar el amor, lo lógico es que surjan dificultades que conducen a peleas y conflictos. Lo mismo ocurriría con el oasis de Atacama: si no se trabajara laboriosamente y se aprovechara el agua tan escasa no habría frutos…

Entre los novios existe un poderoso sentimiento que los lleva a darse gusto, a pasar por alto aspectos de su personalidad, a no querer separarse. Quieren estar juntos todo el tiempo y desean que eso suceda para siempre. Están enamorados. Se han vuelto irresistibles el uno para el otro. Por eso se casan.

Pero… ¿Por qué ya casados algunos empiezan a tener problemas? ¿Qué pasa entre ellos? ¿Por qué se enfría el amor si antes no resistían estar el uno sin el otro? Quizá dejan acabar el “agua” o descuidan la “irrigación” de su relación.

Dos posibles causas para que un matrimonio no marche bien podrían ser: La pareja no sabe cómo hacerse feliz o se hace deliberadamente infeliz. Paradójico, porque los enamorados se casan para ser felices. ¿Cómo conseguirlo?

Josh Mc Dowell (1) da en el blanco planteando algunas expectativas. que deben ser satisfechas. Las de él: Me dice que confía en mi, me apoya enfrente de los hijos, nunca me contradice en público, expresa que me ama, prepara mis platos preferidos, tiene una alta opinión de lo que soy, me ayuda a conseguir mis sueños… Y las de ella: Recuerda los días especiales, perdona rápidamente, me sorprende con detalles, valora mis sentimientos aunque no parezcan lógicos, se da cuenta de la ropa que me pongo, toma la iniciativa para salir, comparte sus sentimientos, me ayuda en las tareas domésticas…

Por otro lado, Willard Harley(2) dedicado durante muchos años a la terapia y consejería matrimonial, ha detectado las diez necesidades masculinas y femeninas más comunes: admiración, afecto, conversación, apoyo financiero, honestidad y apertura, atractivo físico, compañía para divertirse y ser una fabulosa pareja sexual. Lo curioso es que cuando Harley recogió las repuestas entre miles de parejas, encontró que las preferencias más valoradas por los hombres, eran usualmente las menos valoradas por las mujeres. Como quien dice, las masculinas iban en contravía de las femeninas.

EXPECTATIVAS DE ELLA EXPECTATIVAS DE EL
Necesita que sea conversador sin dividir su atención hacia otras cosas Necesita que sea buena compañía para divertirse y descansar
Necesita que sea honesto para confiar completamente en él Necesita que esté atractiva y agradable en privado y en público
Necesita que sea apoyo financiero para sentirse segura Necesita que genere un ambiente de paz y confort en el hogar
Necesita que sea buen papá y esté comprometido con la educación de los hijos Necesita que lo admire y se sienta orgullosa de él
Necesita que sea afectuoso y genere un clima de cariño a su alrededor Necesita que sea una fabulosa pareja sexual

El caso de María e Ignacio lo ilustra perfectamente. De novia siempre acompañó a Ignacio a los partidos de fútbol, pero después de casados jamás volvió. El le recrimina su ausencia. Ella en cambio se queja de que Ignacio a duras penas le conversa. Ahora su matrimonio está mal.

Si Ignacio le dijera a María lo frustrado que se siente por su ausencia y lo importante de su compañía para divertirse, ella podría intentar acompañarlo nuevamente o sugerir un plan que a ambos les guste. A su vez, María debería decirle que necesita conversar más con él cuando llega a la casa después del trabajo. Probablemente así mejoraría su relación.

Volvamos al desierto. Darse gusto significa satisfacer todas las expectativas del otro. Es decir brindarle el agua que el otro necesita, con la dosis y frecuencia requerida, para evitar decepciones y para que la relación conserve la frescura de los enamorados en cada etapa del matrimonio. Por ejemplo, Adela, acompañó a su esposo a todas las temporadas taurinas. Cuando él murió confesó a sus hijos que jamás le habían gustado los toros,  “lo que me gustaba era acompañar a mi marido”.

VENCER IGNORANCIAS MUTUAS

Con frecuencia, la falla más común entre las parejas para satisfacer estas expectativas  no es el egoísmo ni la falta de interés por tenerlas en cuenta, sino simplemente que las desconocen. No es raro pues, que haya sorpresas. ¡Somos tan distintos! No es posible esperar a que el otro las adivine, es preciso abrir la intimidad respecto a las propias expectativas para que puedan ser satisfechas. Son las exigencias del amor. Como ambos se comprometieron a tener el derecho exclusivo de satisfacer estas expectativas, no bastan solo las buenas intenciones, es necesario desarrollar la destreza de comunicarlas. De esta manera, se podrán entender a través de lo que cada uno expresa de sí mismo(a) y empeñarse en darse gusto. Es la clave para seguir siendo mutuamente irresistibles.

  • Signos de peligro en la comunicación [3].

Al expresarse las expectativas conviene estar atentos a estos hábitos o patrones comunes, pero hirientes:

1. Escalonamiento. Tratarse mutuamente en forma cada vez más áspera y negativa. Los comentarios suben de tono y crecen en espiral hasta convertirse en ira y frustración.

2. Invalidación. Menosprecian en forma sutil o directa la forma de ser del otro, sus pensamientos u opiniones: “Siempre dices lo mismo…”, “Ya sé cómo vas a reaccionar…”, “Nunca pones de tu parte…”

3. Interpretaciones negativas. Asumir que los motivos del otro son más negativos de lo que en realidad son. Realidad: “Está atascado en el tráfico” (+). Interpretación: “Se retrasa para mortificarme” (-)

4. Evasión o Retirada. Manifestaciones diferentes de un patrón en el cual uno de los cónyuges no se muestra dispuesto a entrar o permanecer en una conversación importante pero difícil de abordar. La retirada puede ser algo tan sutil como “desconectarse” durante una conversación o aceptar rápidamente una sugerencia sin intención de cumplirla. La evasión se dirige más a evitar que la conversación tenga lugar. O a preferir que el tema no se plantee nunca, y si se plantea, manifestar los signos de retirada descritos antes.

  • Técnica del que escucha y habla alternadamente [4].

Esta técnica no es un modo para comunicarse habitualmente, pero sirve sobre todo cuando se quiere expresar algo íntimo que resulta difícil de compartir o cuando el entendimiento mutuo resulta especialmente importante. Al usarla se conseguirá neutralizar paulatinamente los patrones negativos o signos de peligro. Se recomienda escoger un tema a la vez.

Normas para quien habla Normas para quien escucha Normas para ambos
1 Hable por usted. Diga serenamente lo que está sintiendo y pensando.
Mire a los ojos del otro.
Concéntrese en el mensaje de quien habla. No refute ni se ponga a la defensiva. El que habla tiene el turno.
2 Sea corto y conciso, no se apodere de la palabra ni pase a juzgar al otro. No interrumpa.
Anime sinceramente a que el otro diga todo lo que desea comunicar.
El que habla conserva su turno mientras el que escucha parafrasea.
3 Pare.

Permita que el otro parafrasee…

Parafrasee lo escuchado. “Lo que tu has querido decir es …”, “Ya entiendo: lo que tu sientes es…” Compartir el turno utilizando un objeto que identifique quien va a tomar la palabra (pluma, papel, etc.)

A todos nos gusta solucionar los problemas de la manera más rápida posible. Sin embargo cuando nos apresuramos para resolverlos sin tener una conversación profunda, el resultado es que no se extinguen totalmente. Hablar para comprender lo que el otro piensa o siente, es crucial. Mantiene el respeto y la conexión en la relación, además de poner las bases para una posible solución. La meta con esta técnica es que cada uno se sienta comprendido, antes que resolver el problema o llegar a un acuerdo. Parafrasear lo que el otro intenta expresar resulta un modo eficaz para demostrar que realmente estamos poniendo atención a sus palabras: “sintonizo el mismo canal”.

¡LLEGAR A CINCO!

Contentarse con satisfacer tres o cuatro expectativas no te hará irresistible por completo. Tu cónyuge experimentará un vacío que siempre pedirá ser satisfecho…Llegar a cuatro, tiene mucho mérito, pero no es suficiente. ¡Hay que llegar a las cinco! Es posible.


(1) Josh Mc Dowell, Why true love waits, Tyndale House Publishers, Wheaton, IL, 2002

(2) Willard F. Harley, Jr, Lo que él necesita, lo que ella necesita, Revell, 2007, pag 204

[3] Stanley,Markman, Jenkins, Blumberg, PREP,Version 7.0, Leader Manual, Colorado, 2008, pag 104

[4] Idem, pag160

Nota: Este artículo publicado inicialmente en portugués por la Revista Ser Familia de Sao Paulo, Brasil, en la edición de Octubre de 2008, ha sido ampliado y reeditado en diciembre de 2009. Se basa en el taller del mismo nombre que Protege tu corazón desarrolla ante diferentes auditorios. Si es de su interés por favor comunicarse con las oficinas de PTC Internacional en México a info@protegetucorazon.com.



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