descargar PDF: TeenSTAR. Una opción de madurez y libertad

Al final del desarrollo del programa se obtuvo la evaluación de 740 jóvenes, 446  hombres y 294 mujeres. Los grupos diferenciados por edad y sexo se aprecian en la.
Las variables demográficas  indican que 76,8% de los jóvenes estudiados vivía con sus padres. En relación al nivel educacional de éstos últimos, tenían educación media completa o educación superior 21,2% de las madres y 31,2% de los padres. El  81,1% de los jóvenes se reconoció como católico.

A continuación, se analizarán en forma separada los resultados obtenidos en  relación a la tasa de actividad sexual (definida como el haber tenido relaciones  sexuales coitales en los últimos 3 meses), discontinuación de actividad sexual y número de razones que tienen los jóvenes para mantener la abstinencia.

a) Tasa de actividad sexual. El presente estudio mostró que 20% de los adolescentes entre 12 y 18 años ya ha tenido, al menos, una relación sexual, siendo mayor esta actividad en hombres que en mujeres (22,9% y 15,7%, respectivamente).

En todos los rangos de edad evaluados se observó un mayor porcentaje de hombres que mujeres con actividad sexual.

La mayoría de los jóvenes encuestados (86,5%) respondieron que su primera relación sexual fue por consentimiento mutuo, es decir, tuvieron una relación sexual porque así «lo desearon». La primera relación sexual en los hombres ocurrió más precozmente que en las mujeres, en promedio a los 13,9 años en los hombres y 15,5 años en las mujeres. Se observó, en ambos casos, que las parejas sexuales  involucradas en esta primera relación eran de mayor edad y tenían, en promedio, 17,6 y 19,3 años para varones y mujeres, respectivamente.

Entre los 12 y 14 años, 13,4% de los jóvenes de sexo masculino ha tenido, al menos, una relación sexual. Este porcentaje aumenta hasta llegar a 38,1% a los 17-18 años. Si bien las mujeres inician su actividad sexual más tardíamente que los hombres, se observa un importante aumento durante el período de término de la enseñanza  media (17-18 años), llegando a una tasa de actividad sexual de 18,1%.

Es importante destacar el hecho de que los datos observados previamente a la aplicación del programa en los diferentes establecimientos estudiados, no mostraron diferencias significativas entre sí y que tampoco existieron diferencias significativas entre los jóvenes programa y control (p >0,1). Al ser consultados sobre el uso de métodos anticonceptivos, 27% de los alumnos indicó que «siempre» trató de  prevenir el embarazo por esta vía y 18,2% lo hizo «la mayoría de las veces». Esto, a pesar de que 87,8% de los jóvenes sexualmente activos, indicó conocer las técnicas que existen para prevenir el embarazo. Al realizar el análisis del efecto del programa
TeenSTAR en los jóvenes participantes, se observó que la tasa de iniciación de vida sexual, es decir, la transición de virgen a no virgen fue de 15,3% por año en el grupo control versus 6,5% en los jóvenes participantes del programa. Al realizar el análisis por sexo, se observó que la tasa de iniciación para los hombres fue de 17,6% versus 8,8% en jóvenes control y programa, respectivamente (p <0,004); y para las  mujeres fue de 12,4% en jóvenes control y 3,4% en jóvenes programa, respectivamente (p <0,0001). El tamaño de la muestra en estos casos fue menor al inicial (492 vs 740) ya que se incluyeron los alumnos que cumplieron con los criterios de haber contestado la pregunta de conducta sexual en ambos test y que las respuestas fueran concordantes, además de los criterios de inclusión analizados antes en este trabajo.

En el transcurso del estudio hubo que lamentar pérdidas de unidades pertenecientes a la muestra, tanto del grupo que pertenecía al programa como del grupo control. Con el fin de comprobar que la pérdida de unidades muestrales afectó por igual a ambos grupos en el estudio, se realizaron dos pruebas estadísticas que confirmaron, que la tasa  de respuestas obtenidas en el grupo dentro del programa, con la tasa de respuestas obtenidas fuera del programa, eran homogéneas (test de homogeneidad
p >0,05). Esto quiere decir que la proporción de personas que terminó el estudio en el grupo del programa, no difiere significativamente de la proporción de personas  que terminó el estudio y no pertenecía al programa. La misma conclusión se obtuvo haciendo una prueba Z, basada en la distribución normal en que se compara la tasa que termina el estudio en el grupo del programa con la tasa que termina el estudio en el grupo fuera de programa.

La distribución de los alumnos excluidos de los grupos programa y control no tuvo una diferencia estadísticamente significativa, por lo que la exclusión de dichos  cuestionarios no afectaría la validez de los resultados del estudio.

b) Discontinuación de la actividad sexual. Veinte por ciento de los jóvenes incluidos en el programa ya habían iniciado su actividad sexual. Estos se dividieron en: a) los que se encontraban sexualmente activos al inicio del programa (es decir, que habían tenido, al menos, una relación sexual en los últimos tres meses), y b) los jóvenes que ya habían tenido una relación sexual, pero que por diversas razones habían  discontinuado su actividad sexual (mayor o igual a tres meses de inactividad sexual). Los resultados mostraron que 20% de los jóvenes programa sexualmente activos al inicio de éste discontinuaron su actividad sexual después de la intervención. Ello, en comparación con 9% del grupo control (p <0,03). Con respecto al grupo de jóvenes que ya habían tenido una relación sexual, pero que por diversas razones habían  discontinuado su actividad sexual (mayor o igual a tres meses de inactividad sexual),
el estudio mostró que 11,7% reinició su actividad sexual al final de la intervención, no observándose un reinicio de la actividad sexual en los jóvenes programa (p  <0,04).

c) Aumento del número de razones para la abstinencia sexual. Al analizar las razones que tenían los jóvenes para no iniciar su actividad sexual (principios religiosos, miedo a embarazo y contagio de enfermedades de transmisión sexual, no haber encontrado a la persona adecuada, no sentirse preparado, no tener la oportunidad, temor de decepcionar a los padres, no querer ser usado, entre otras), observamos que, en los jóvenes programa, ocurrió un aumento del número de razones para no tener una relación sexual, pasando de tener sólo una razón al inicio del programa, a
dos o tres razones al final de éste. En los jóvenes controles no hubo variación en este parámetro.



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