Ponencia de Ana Otte en la presentación de la colección de libros y manuales del IVAF, 26 de NOVIEMBRE 2001 Centro cultural Bancaja.

Nadie pone en duda la necesidad de preparar a los jóvenes para la maduración sexual. La pregunta que se hacen los padres muchas veces es “cuando” y “cómo”.

¿Cuándo? A pesar de toda la buena voluntad, ellos no se imaginan lo pronto que maduran sus hijos, y cuando quieren darles las primeras informaciones, ya han llegado tarde. Los hijos se lo saben todo, pero mal. Así que, cuanto antes, mejor. Más vale pasarse que quedarse cortos. La edad de la pubertad ha disminuido seis meses por decenio desde el comienzo del último siglo, mientras que la madurez intelectual y emocional no ha seguido el mismo ritmo.

¿Cómo? El tema de la sexualidad se tiene que exponer con naturalidad, sin ansiedad, sin nervios para no dar la impresión de que todo lo relacionado con el sexo implica secreto o vergüenza. Pero jóvenes y adultos padecen la más increíble ignorancia en torno al sexo y al amor. Los adolescentes de hoy han sido dejados en la destacada por una generación de adultos demasiado inhibidos para abordar este tema con ellos. Hijos despistados y padres confiados, hijos que creen saber todo sobre el cuerpo y no saben nada del alma; padres que se avergüenzan de hablar con sus hijos, pero no de empujarles a una vida que creen moderna y que no es más que un retorno a la era de las cavernas.

Hoy en día en la sociedad de consumo los jóvenes no están sólo bajo la influencia de la familia y escuela. La publicidad, las revistas, la televisión han despertado en los jóvenes la conciencia del sexo; ahora sufren más presiones que nunca del ambiente que les rodea, sin embargo no se les ofrece prácticamente ningún apoyo para resistir a esas presiones.

-Ahí está la televisión como fuente principal de información y deformación. Dificulta el diálogo y  favorece la comodidad. Hace falta un esfuerzo grande para ayudar a los hijos a utilizarla bien: a tomar una actitud crítica y positiva ante ella, y no limitarse a prohibirla.

-Otra gran fuente de influencias es la publicidad: hasta las cosas más excéntricas nos parecen necesarias y urgentes. Hay que enseñar a elegir, a decidir, a aceptar y a renunciar.

Todos tenemos grandes deseos, poseemos los mejores sentimientos y aspiraciones: pero ¿estamos dispuestos a comprometernos, a superar la pereza, la comodidad para lograr que se cumplan estos deseos? Decía alguien: a todos nos gusta cantar, pero a nadie le gusta ensayar. Muy pocas cosas se consiguen sin esfuerzo, aunque nos prometan aprender ruso en 15 días, tocar la guitarra mientras nos duchamos, inglés sin esfuerzo.

En la sociedad actual se detecta un profundo debilitamiento de la voluntad, en la sociedad del bienestar la máxima filosofía es eliminar toda incomodidad. Somos frágiles porque no estamos acostumbrados a soportar carencias. La voluntad se ejerce ante las dificultades y durezas de la vida. No se puede esperar mucha altura moral de quienes se rigen por la ley del mínimo esfuerzo. Hoy predominan los argumentos sentimentales: “no me apetece,” “aquello no me va”, “dónde el corazón me lleve”, “ me estás matando”… Hay que acostumbrar a los jóvenes a dar uso de razón de sus actos. Tiene que haber un equilibrio entre el sentimentalismo y la razón, entre la comprensión y la exigencia.

Un factor más que influye en el comportamiento de los jóvenes son los amigos. Disponen todos de suficiente dinero propio para crear y mantener una especie de subcultura: tienen su lenguaje, su música, sus ídolos, su ropa. Sería muy poco realista prohibirles todos los artículos de consumo, propios de su edad. Podría llevar a tensiones y roces continuamente y crear un ambiente de irritación y agresividad entre padres e hijos. Más que intentar que se aparten los jóvenes de todas las posibles influencias que llegan de fuera, conviene ayudarles a vivir en la sociedad en que les ha tocado vivir, a ser felices en ella, a aceptar y querer el mundo que les rodea.

Se tiende a echar la culpa de todo lo indeseable en la vida a los fallos de la estructura o del sistema: no pensamos que podríamos cambiar nosotros, sino que esperamos que cambie el mundo. Tratamos de buscar las causas de los males fuera de nosotros: lo hemos oído muchas veces: la culpa de todo la tienen los amigos, la televisión, la sociedad desquiciada.

No lleva a nada estar criticando continuamente. Resulta poco atractivo. Es mejor enseñar a los jóvenes a ensanchar el alma y orientar sus ansias hacia grandes ideales. También en nuestro tiempo hay muchos jóvenes inquietos, que buscan la autenticidad; se mueven más por convencimiento que por mera costumbre, toman una decisión porque están convencidos de que es la correcta. A los jóvenes les da rabia que los adultos no los consideran capaces de plantearse metas elevadas. Están hartos de que se les predique continuamente el uso de preservativos y la anticoncepción.

Es este un momento excelente para replantearse algunas cuestiones relacionadas con la sexualidad, para dialogar con naturalidad sobre el tema, sin sentirse incómodos. Hay que afrontar con claridad temas candentes que están íntimamente relacionadas con la sexualidad al estar íntimamente relacionados con la vida humana. Temas como que el embrión es un ser humano desde su concepción que tiene un derecho fundamental a la vida, la supuesta “necesidad “ de relaciones sexuales tempranas, la homosexualidad, el llamado sexo seguro, la píldora del día después, la reproducción asistida, la regulación natural de la natalidad, la clonación, y también del pudor etc. Es necesaria una clara orientación frente al caudal de informaciones que nos entregan diariamente los medios de comunicación, en medio del laberinto de situaciones creadas por el avance espectacular de la ciencia moderna.

¿Qué es el amor?

Amar a otra persona es desearle lo mejor, mirar por ella, tratarla de forma excepcional, buscar su bien y ayudarla a que se sienta contenta y dichosa.

Amar es querer y aceptar a una persona tal como es, con sus defectos y limitaciones. El amor es una tarea de todo los días. Cada día, de nuevo, hay que defenderlo y conquistarlo. Esto supone sacrificio y renuncia. Amar de verdad es querer amar y decir: el otro es más importante que yo.

¿Qué es la sexualidad?

Es una de las expresiones de nuestra humanidad. Está marcada en cada una de nuestras células como varón o mujer. Es expresión corporal de amor. En el amor sexual la intervención del cuerpo da un carácter irreversible a la relación, porque uno se entrega del todo. El mismo acto externo y los mismos órganos están previstos para realizar la unión sexual, tanto para expresar el amor como para transmitir la vida. Es siempre el mismo acto que no se debería manipular, ni separar, una vez para amar, otra vez para concebir un hijo. Es siempre un acto de entrega total: uno se da a la otra persona y la recibe sin reserva. Esto es lo natural y lo auténticamente humano, lo que le confiere su grandeza y dignidad. A la sexualidad hay que entenderla para vivirla bien, pues está completamente ligada a la felicidad de una persona.

Tratar las cuestiones relacionadas con el sexo con responsabilidad quiere decir que los jóvenes deben abstenerse de relaciones sexuales hasta que tengan una relación amorosa estable que les permita fundar una familia y aceptar a los hijos que puedan nacer como consecuencia de estas relaciones. Esta condición sólo se da en el matrimonio, solo aquí hay estabilidad y un compromiso. Una adolescente no está preparada para ser madre. Practicar relaciones sexuales no es signo de madurez, el grado de madurez se muestra en la capacidad de renuncia. Médicos, padres y educadores observan con creciente preocupación que cada vez son más frecuentes las relaciones sexuales prematuras entre jóvenes de 14 y 15 años, y que madres solteras de 14 o 15 años no son ninguna rareza. El chico cree que tiene que demostrar su recién adquirida virilidad luciéndose con sus conquistas ante sus compañeros, y más de una chica cede porque no quiere dar la impresión de ser anticuada. “Todos lo han hecho menos yo,” piensa la adolescente confusa y desorientada. ¿Es verdad que todos lo hacen?  Más de una chica no caería en esta trampa si supiera que no lo hacen todas y que ser virgen no está ni mucho menos pasado de moda. El acto sexual prematuro, siempre se realizará en condiciones bastante miserables, ya sea por el lugar elegido, ya sea por el escaso tiempo: va acompañado por la angustia de un posible embarazo o contagio. Los jóvenes actúan con ansiedad y luego se sienten mal. A la pregunta de cómo se sentían al día siguiente de haber tenido relaciones sexuales contestaron las chicas que se sintieron deprimidas y culpables, vacías y utilizadas. La experiencia no había sido tan maravillosa como se lo habían imaginado.

Para afrontar los retos de la adolescencia hay que ofrecerles modelos de conducta atractivos, libres, fuertes, que tiren hacia objetivos positivos.

El impulso sexual en el ser humano es dominable. Aprender a tener dominio de sí es una preparación estupenda para luego ser fiel en el matrimonio. La continencia sexual no es una represión sino una expectativa alegre, una renuncia temporal y voluntaria que surge de un respeto mutuo y como prueba de amor. La castidad es el mejor y más sano estilo de vida para vivir la sexualidad: un mensaje atrevido?

Lo que hay que enseñar a los jóvenes es que la vida es una lucha, que desprecien la comodidad, hacerles vivir la alegría de sentirse fuertes. Los jóvenes tienen que entender que tienen que gobernar su capacidad de vida sexual para ponerla al servicio del amor a una persona; que se atrevan a arriesgar la vida entera por alguien o algo que merezca la pena; en resumen: vivir la vida dando y recibiendo amor.



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