Ponencia de Concepción Medialdea en la presentación de la colección de libros y manuales del IVAF, 26 de NOVIEMBRE 2001 Centro cultural Bancaja.

En la actualidad entre los valores de la LOGSE no se encuentran valores como el autodominio, la capacidad de esfuerzo o la capacidad de compromiso, sí en cambio otros y destaca especialmente el valor de la autoestima al que hoy en día se le da una importancia inusitada. Pero valdría la pena plantearse qué es más importante, la autoestima o el autodominio. Es más importante el autodominio puesto que quien es dueño de si mismo, de sus impulsos, quien sabe lo que quiere y es capaz de ponerlo en práctica aunque le suponga un esfuerzo, ese/a tendrá de rebote una buena autoestima mientras que quien se deja llevar habitualmente por las mareas de la vida, quien no puede tomar decisiones y ponerlas en práctica aun considerando que es lo mejor para el/ella y para los demás porque ello le supone un esfuerzo del que no es capaz, será alguien inseguro/a de si mismo/a y falto de autoestima. Muchos profesores se quejan de que no pueden ejercer como tales, de que los niños son blandos y de que sus padres los protegen demasiado, se procura que los hijos estén bien y tengan una vida fácil quitándoles todos los obstáculos del camino, así los hijos se sienten bien, pueden con la vida y están llenos de autoestima, pero es un autoestima engañosa. Pronto los padres no podrán seguir quitándoles los obstáculos y protegiéndolos y los hijos no tendrán más remedio que esforzarse para intentar superarlos, la vida se va complicando y tendrán que luchar o bien tirar la toalla, y ese tirar la toalla, huir del esfuerzo y el compromiso puede consistir en dejar a su mujer o a su marido en el camino, abandonar el trabajo con el que mantiene a su familia o conformarse con vivir una vida mediocre. Cuando educamos a nuestros hijos desde pequeños, a los 2, 3, 4…7, 8 años y en adelante no tendríamos que pensar en educarlos para que se porten bien, no causen problemas en la vida familiar cotidiana o para que los demás piensen que somos unos grandes educadores. Deberíamos educarlos ya desde pequeños para que el día de mañana sean libres, felices y capaces de amar. Por supuesto que en esta vida no podemos tener una libertad o una felicidad absoluta pero para que sean lo más libres, lo más felices y lo más capaces de amar posible y esto solo podrá ser así si hemos sabido educarles en la capacidad de esfuerzo, en la capacidad de compromiso, en definitiva ayudándoles para que consigan poco a poco el dominio de sí mismos, que en eso consiste la madurez, en ser capaz de posponer aquello que me gusta o me apetece por un bien mayor, por algo mejor. Con el autodominio tenemos la gran batalla quienes nos dedicamos a la educación de adolescentes, a la educación sexual de adolescentes. Es muy importante lo que han adquirido hasta llegar a esta etapa, así como el modo en que vivan durante la misma. La etapa de la adolescencia es una etapa de transición entre la niñez y la vida adulta y se supone que en esos años han de alcanzar el dominio de sí mismos para llegar a ser adultos responsables capaces de mejorar la sociedad. Hasta la adolescencia hay que enseñar a los hijos a adquirir los valores e ir enseñándoles al mismo tiempo a hacerlo así por amor: porque mamá está contenta, porque hago feliz a papá, porque la profesora o el profesor se alegra, eso será suficiente y muy bueno porque de paso van aprendiendo a amar. Pero al llegar la adolescencia eso se ha terminado y es bueno que sea así. Ya no lo harán más porque quiere su madre, su padre o el profesor, romperán con esa dependencia y si siguen haciéndolo así será solo porque les da la gana que es la mejor razón para hacer las cosas siempre que previa formación se haya aprendido a reconocer y querer el bien. Han de empezar a ser ellos mismos, a tener criterio propio, a ejercer su libertad y responsabilidad en aras del amor y la felicidad que suelen ir siempre de la mano. La educación de la sexualidad es una educación para el amor. La sexualidad no es algo corporal sino algo personal, la persona es hombre o es mujer y lo es en todo lo que hace y es. La mujer, el hombre, cualquier persona, independientemente de sus muchas particularidades desea ser feliz, ha nacido para amar que es la vocación de todo ser humano y solo será feliz en la medida de su capacidad de amar. Amar es dar hasta el punto de darse uno mismo del todo al otro(no haría falta precisar “darse del todo” porque darse no es prestarse). El amor posibilita la entrega a Dios en exclusiva y esa es la vocación de algunos de los que están en esta sala o en esta mesa o bien darse a Dios y por Dios a su mujer o a su marido para hacerle feliz y formar una familia y esa es la vocación de la mayoría de los que estamos aquí y en este grupo me incluyo. Hay que educar a los hijos, a los alumnos o tutorandos para que sean capaces de amar y dignos de ser amados, para que sean capaces de formar un matrimonio unido y una familia estable si esa es su vocación, una familia capaz de transmitir valores, de cambiar el mundo para hacelo mejor, por hacerlo más humano. Concepción Medialdea. Centro Cultural Bancaja. Valencia, 26 de Noviembre del 2001.



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