El pasado 24 de junio se hacía pública la Carta Pastoral del Mons. Rouco- Varela, Cardenal-Arzobispo de la Archidiócesis de Madrid, y unos días después, en un mensaje a todos los fieles madrileños, nuestro Cardenal reafirmaba su propuesta de iniciar un plan integral de Pastoral Familiar que sería, según sus propias palabras, “un compromiso de vida y acción pastorales, vinculante para todos los miembros de la Iglesia Diocesana: sus Pastores, sus consagrados, sus fieles laicos y, especialmente y sobre todo, para nuestros matrimonios y familias cristianas.”

Es por ello que, a partir de este número de “Iglesia y familia”, iremos facilitando los distintos materiales que desde la Archidiócesis de Madrid se vayan editando.

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La familia, imagen de Dios

Vamos a hablar de la familia.
De esposos, de padres e hijos;
de la convivencia, la comunicación, la educación…
De la felicidad que sentimos cuando sabemos que estamos unidos,
y de dificultades, problemas, luchas, logros y fracasos…
Pero lo primero de todo será hablar del amor.
Es el fundamento de la familia.
Sin el amor, no damos un paso.
No nos contentamos con intercambiar ideas y opiniones.
Eso nos ayudaría a saber más, pero saber no es suficiente.
Compartiremos criterios, valoraciones, sentimientos… la vida.
Compartiremos nuestra búsqueda.
Y la fe en Jesucristo,
que nos hace ver la vida con más claridad, y nos da fuerza para afrontarla.
Queremos vivir la familia, como Dios nos ha hecho capaces de vivirla.
Lo sabemos:
¡con Cristo es posible!

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“Todo el que ama ha nacido de Dios” (1 Jn 4, 7)

La carta pastoral de nuestro arzobispo La familia: vida y esperanza para la Humanidad nos ayuda a centrar el tema:

“Nuestro amor nace como respuesta a un amor recibido que nos antecede (cf. 1 Jn 4,10.19), y asumirlo en profundidad nos permite comprender de qué modo somos introducidos en la historia de amor de Dios, que es anterior a nosotros. La mejor forma de prepararse a ser esposo es siendo buen hijo, consciente de ser hijo de Dios” (p. 28).

“La revelación del amor ilumina nuestra vida y nos permite interpretar la diversidad de nuestras experiencias en la medida en que conducen a una vida plena” (p. 21).

“Comprendemos la importancia decisiva de la revelación del plan de amor de Dios que nos hace exclamar: «Hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él» (1 Jn 4,16). Se trata de la revelación de un amor capaz de  sanar las heridas de un hombre abatido y sin fuerzas (cf. Lc 10,30); y que lo transforma en lo más profundo al hacerlo hijo de Dios (Jn 1,12; 1 Jn 3,1)” (p. 21).