La futura ley parte del supuesto de que una educación sexual adecuada, la mejora del acceso a métodos anticonceptivos y la disponibilidad de programas y servicios de salud sexual y reproductiva es el modo más efectivo de prevenir, especialmente en personas jóvenes, las infecciones de transmisión sexual, los embarazos no deseados y los abortos.

Desde el anterior supuesto, el proyecto normativo incorpora a su articulado (Título I, capítulo III, artículos 9 y 10), una serie de medidas que se adoptarán en el ámbito educativo y que se proponen incorporar la formación sexual y reproductiva al sistema educativo desde un enfoque integral que tendrá como objetivos:

a) La promoción de la igualdad entre hombres y mujeres con especial atención a la prevención de la violencia de género, agresiones y abusos sexuales.

b) El reconocimiento y aceptación de la diversidad sexual.

c) El desarrollo armónico de la sexualidad acorde con la personalidad de los jóvenes.

d) La prevención de enfermedades e infecciones de transmisión sexual y especialmente la prevención del VIH

e) La prevención de embarazos no planificados.

Finalmente, el capítulo educativo de la futura norma legislativa indica que
Los poderes públicos apoyarán a la comunidad educativa en la realización de actividades formativas relacionadas con la educación sexual, la prevención de infecciones de transmisión sexual y embarazos no planificados, facilitando información adecuada a los padres y las madres.

DESCARGAR pdf:  El programa Teen Star para la educación afectivo-sexual

Es un programa de educación afectivo sexual que tiene en cuenta la  totalidad de la persona. Se basa en la experiencia y reconocimiento de los patrones de fertilidad del cuerpo para ayudar a los jóvenes a entender su importancia y valor. Este programa pertenece a una red internacional y se lleva a cabo en más de 40 países, entre ellos España.

DESCARGAR PDF: El programa Teen Star para la educación afectivo-sexual
Los cursos de educación afectivo-sexual son elementos que incide directamente en el punto de la maduración de la persona. Su importancia actual se debe a la constatación de la dificultad objetiva de alcanzar esta maduración y del descubrimiento del valor personalizador de la sexualidad.

En nuestros días, la juventud vive en una cierta indeterminación ante la elección del tipo de vida. Algunos prefieren postergar los plazos definitivos y atrasar así el ingreso en la vida adulta o la asunción de compromisos  definitivos. Al no preguntarse sobre sus problemas de autonomía, no se sienten obligados a hacer elecciones fundamentales.

La diferencia principal respecto a la mayor parte de las generaciones precedentes (que hacían una elección precisa con una prioridad precisa) consiste en la propensión de vivir contemporáneamente diversos aspectos de la vida, aspectos a veces contradictorios, sin jerarquizar las propias necesidades y valores. Algunos jóvenes son hoy muy dependientes de la necesidad de hacer experiencias porque, por la falta de transmisión de valores, piensan que no se sabe nada de esta vida y que todo aún se debe descubrir e “inventar”.

Por eso, se debe tratar de verdaderos cursos, y no sólo de unas charlas o talleres. Es un modo de insistir que estos elementos de pastoral familiar no pueden ser nunca de mera información deben consistir en un auténtico plan de formación de personas. Por eso requiere un tiempo de duración y que se lleve a cabo un seguimiento.

Los padres son los primeros responsables para llevar a cabo esta educación de la sexualidad. Han de saber ofrecer a sus hijos, en un marco de confianza, las explicaciones adecuadas a su edad para que adquieran el conocimiento y respeto de la propia sexualidad en un camino de personalización. Más vale una explicación que una prohibición. Para ello, es importante contar con personas y materiales que proporcionen una ayuda eficaz a los padres en esta tarea. Al mismo tiempo es fundamental contar con los propios jóvenes, con su realidad, con sus aficiones  con su ocio, con su tiempo de estudio.

Tanto en las parroquias como en los colegios la educación afectivo-sexual de los hijos será uno de los contenidos necesarios en toda escuela de padres. Es una tarea de tal importancia que los  padres no pueden hacer dejación de la misma para que sean otros los que la realicen. Es más, les corresponde velar por la educación sexual que reciban sus hijos en otras instancias.
Aunque el momento adecuado es el de la preadolescencia, pues en este momento reciben tal cantidad de información sexual que es necesario enseñarlas a digerirla, debe estar precedida de una formación familiar en la infancia y continuada por otra familiar y en grupo en la adolescencia.