Los jóvenes deben de comprender que hay que esperar porque vale la pena, para así amar más. El sexo es como el fuego en las relaciones juveniles: consume todo lo que se haya edificado hasta ese momento. Hacerles pensar “¿no vales tu la pena para que esperen por ti?”. El sexo premarital con frecuencia entierra el amor, y aún lo mata.

Un estudiante norteamericano escribió: “La herencia que me dejaron las relaciones premaritales fue miedo y vergüenza. Me quitaron la paz y destrozaron mi capacidad de concentración en las clases. Hicieron polvo mi confianza en Dios y en el ser humano. Sentí que fue profanado lo más íntimo de mi ser. Ello me causó una profunda herida que hoy, después de siete años , no acaba de cicatrizar”.

Estas palabras son una muestra de lo que sucede en miles de corazones adolescentes “Yo lo amaba, y él decía que amaba también; pero después de que me entregué, él me llamó con toda clase de sobrenombres y me dejó…

Pienso que nunca haré feliz a un hombre”.



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